AIS: Los cristianos, tras la segunda revolución en Egipto

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Los cristianos, tras la segunda revolución en Egipto:

«Está creciendo una iglesia con una fe más profunda»

Tras el derrocamiento de Muhammad Mursi, perteneciente a los Hermanos Musulmanes, en Egipto hay tensión por todas partes. Si bien en El Cairo la vida continúa, la población está más atenta que de costumbre. Los taxistas no van a determinados lugares. El ejército asegura puntos importantes con tanques y soldados. El cielo lo surcan helicópteros y escuadrillas de aviones.

Pocas calles más allá se encuentra un restaurante de un copto, que no desea que se publique su nombre: nunca se sabe, dice. Sin embargo, en un lugar bien visible, cuelga un cartel de Al-Sisi, el jefe del ejército que el pasado miércoles anunció el derrocamiento de Mursi. A izquierda y derecha pueden verse el Gran Sheik de la Universidad de Al-Azhar y el Papa copto Tawadros II. El hostelero expresa así un mensaje: «Los cristianos y los musulmanes formamos una unidad en Egipto; esto es lo que caracteriza a nuestro país. La mayoría de mis clientes son musulmanes. No nos dejamos dividir». Sin embargo, esta parece ser la estrategia actual de los derrotados islamistas.

En la iglesia San José se celebra Misa. Hay pocos fieles. Un joven explica por qué: «Estamos nerviosos. No se sabe qué planean los islamistas. Nos echan la culpa del derrocamiento de Mursi, lo cual es un disparate: la inmensa mayoría del pueblo quería que se fuera, no solo nosotros, los cristianos». El padre Michael Selim Zaki celebra la Misa. «He prestado mucha atención a ver quién entraba por la puerta. Tenemos miedo a la venganza de los islamistas… Los cristianos somos un blanco fácil, porque no ejercemos violencia. Es fácil atacarnos; pero confiamos en que el ejército nos proteja». Según expone, estos se encuentran nerviosos y enojados porque han perdido el poder. «Querían convertir Egipto en su propiedad; pero Egipto no pertenece a los fundamentalistas. No somos Afganistán».

Efectivamente, el odio de los islamistas ha cobrado las primeras víctimas cristianas. El sábado, un sacerdote ortodoxo copto, Abuna Mina Aboud, fue asesinado en su auto por islamistas enmascarados en Al-Arisch, ciudad de la península del Sinaí. El asesinato hizo que cundiera el pánico entre los cristianos. Desde hace tiempo, el Sinaí está considerado como un centro del Islam extremista. También en Luxor, al sur de Egipto, se produjeron ataques anticristianos. «En una población cercana a Luxor, el viernes de la semana pasada, los islamistas incendiaron más de una docena de casas cristianas y destruyeron nuestros comercios. También hubo muertos entre los cristianos».

No obstante, el padre Michael señala: «Está madurando una iglesia con una fe más profunda. Es una antigua ley que la Iglesia crece con las dificultades. La sangre de los mártires es la semilla de los cristianos». El sacerdote sabe de comunidades domésticas que se han formado últimamente para leer la Sagrada Escritura. «Al leer las Escrituras experimentan cómo el Señor nos muestra su presencia, también hoy».

Para responder a la pregunta sobre qué pueden hacer los cristianos de Occidente por sus hermanos en la fe de Egipto, el padre Michael no necesita mucho tiempo: «Vengan a visitarnos como turistas. Muchos cristianos trabajan en el ámbito del turismo. Egipto es un país muy bello. Su visita asegurará los ingresos de familias cristianas. Pero si tienen temor y no quieren venir, rezar lo pueden hacer siempre. Recen por Egipto y por nosotros, los cristianos. Se los ruego de todo corazón».