Clero de Diócesis de Temuco renovó sus Promesas Sacerdotales

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El atardecer del Miércoles Santo fue iluminado por la celebración de la Misa Crismal en la Catedral, donde se conmemoró y se anticipó el día sagrado en que nuestro Señor Jesucristo instituyó la Santísima Eucaristía y el Sacerdocio ministerial.

Cientos de feligreses vivieron la Misa Crismal, cuya celebración eucarística  manifiesta la unidad del presbiterio con nuestro obispo, la comunión de éste con los demás sucesores de los apóstoles, y la de todos ellos con el Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro.

Monseñor Héctor Vargas, con sentidas palabras, se dirigió ante todos señalando que : “ Con corazón de Padre y Pastor, les saludo con particular afecto a todos ustedes, que desde sus Parroquias, Comunidades, Movimientos Eclesiales, Colegios, Universidad Católica, y Pastorales Específicas, han peregrinado hasta este lugar que a partir de este momento se transforma en un verdadero Cenáculo. Les agradezco muy sentidamente su participación, como su compromiso en la vida y misión de nuestra amada Iglesia”.

En la Liturgia de la Palabra, donde se recordó que Jesucristo es el Único Sumo y Eterno Sacerdote, el obispo invitó a sus queridos sacerdotes, emotivo momento donde cerca de 70 presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando sus compromisos que asumieron al ser llamados al Orden Sagrado.

DSC06560Al respecto, el Obispo señaló:” Es la hora queridos fieles de pensar en cada uno de sus curas, en sus rostros concretos, más jóvenes o más avanzados en años, en diferentes situaciones personales…En todos ellos debemos venerar la imagen de Cristo que  recibieron  con la consagración, y que nos ha marcado indeleblemente a cada uno de nosotros. Ésta es signo del amor de predilección, dirigido a todo sacerdote y con el cual puede siempre contar, para continuar adelante con alegría o volver a empezar con renovado entusiasmo, con la perspectiva de una fidelidad cada vez mayor”.

Reforzó sus palabras señalando “a los primeros apóstoles, estamos ligados todos aquellos hombres que mediante la consagración sacerdotal hemos sido puestos para renovar el gesto que Jesús realizó en la Última Cena, instituyendo el sacrificio eucarístico…El carácter sacramental que nos distingue, en virtud del Orden Sagrado recibido, hace que nuestra presencia y ministerio sean únicos, necesarios e insustituibles, en la Iglesia y en el mundo.

2000 AÑOS DESDE AQUEL MOMENTO

Nuestro Pastor, nos llamó a no olvidar a tantos sacerdotes que han dado testimonio de Cristo con su vida hasta el derramamiento de su sangre, diciendo que:”Su martirio acompaña toda la historia de la Iglesia y marca también el siglo que acabamos de dejar atrás, caracterizado por diversos regímenes dictatoriales y hostiles a la Iglesia. Queremos desde el Cenáculo, dar gracias al Señor por su valentía. Los miramos para aprender a seguirlos tras las huellas del Buen Pastor”.

DSC06580Señaló además:” Es verdad, en la historia del sacerdocio, no menos que en la de todo el pueblo de Dios, se advierte también la oscura presencia del pecado. Tantas veces la fragilidad humana de la que también participamos los ministros, ha escondido en nosotros el rostro de Cristo”. Manifestando el cuestionamiento al decir que: “Y, ¿cómo sorprenderse si desde el inicio no sólo se consumó la traición de Judas, sino que el mismo Pedro tuvo que vérselas con su debilidad, recibiendo la amarga profecía de la negación?. Al elegir a hombres como los Doce, Cristo no se hacía ilusiones: en esta debilidad humana fue donde puso el sello sacramental de su presencia… Por eso, a pesar de todas las fragilidades de nosotros sus sacerdotes, el pueblo de Dios ha seguido creyendo en la fuerza de Cristo, que actúa a través de nuestro ministerio.

Continuó su homilía en la Misa Crismal, agregando que esta presencia eucarística ha recorrido los dos milenios de la historia de la Iglesia y la acompañará hasta el fin de la historia. “Para nosotros es una alegría y, al mismo tiempo, fuente de responsabilidad, el estar tan estrechamente vinculados a este misterio…Queremos hoy tomar conciencia de él, con el corazón lleno de admiración y gratitud, y con esos sentimientos entrar en el Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo”.

Llamó a celebrar siempre con fervor la Santa Eucaristía, “Postrémonos con frecuencia y prolongadamente en adoración delante de Cristo Eucaristía…, muchos sacerdotes, a través de los siglos, han encontrado en ella el consuelo prometido por Jesús la noche de la Última Cena, el secreto para vencer su soledad, el apoyo para soportar sus sufrimientos, el alimento para retomar el camino después de cada desaliento, la energía interior para confirmar la propia elección de fidelidad…, el testimonio que daremos al pueblo de Dios en la celebración eucarística, depende mucho de nuestra relación personal con la Eucaristía”.

¡VOLVAMOS A DESCUBRIR NUESTRO SACERDOCIO A LA LUZ DE LA EUCARISTÍA!

DSC06610Así de enérgicas y esperanzadoras fueron sus palabras al anochecer del Miércoles Santo, donde llamó a sus queridos sacerdotes: “Hagamos redescubrir este tesoro a nuestras comunidades en la celebración diaria de la Santa Misa y, en especial, en la más solemne de la asamblea dominical. Que crezca, gracias a su trabajo apostólico, el amor a Cristo presente en la Eucaristía. Es en ella y en la penetración de misterio, en donde  nos encontraremos en efecto, en la cima del amor”.

Al concluir, les señaló que:”Gracias queridos hijos por haber respondido un día con total disponibilidad al llamado del Señor al sacerdocio, por haberse mantenido fieles y vivir con gozo esta vocación de servicio y amor. Por renovar en nombre de Cristo el sacrificio de la redención humana, preparar para sus hijos el banquete pascual, guiar en la caridad a su pueblo santo, alimentarlo con su palabra,  fortalecerlo con sus sacramentos”. Además, les agradeció por la ayuda invaluable que prestan, “gracias a la cual y por medio de su ministerio, mi sacerdocio y solicitud de Pastor puede hacerse presente y manifestarse cada día en esta hermosa Araucanía, y en los hombres y mujeres que la habitan”.

BENDICIÓN DE LOS SANTOS OLEOS

DSC06589En este especial momento, Monseñor Héctor Vargas, manifestó que: “el óleo de los catecúmenos, muestra como un primer modo de ser tocados por Cristo y por su Espíritu, un toque interior con el cual el Señor atrae a las personas junto a Él. Mediante esta unción, que se recibe antes incluso del Bautismo, nuestra mirada se dirige por tanto a las personas que se ponen en camino hacia Cristo, a las personas que están buscando la fe, buscando a Dios”. Prosiguió señalando que: “El óleo de los catecúmenos nos dice: no sólo los hombres buscan a Dios. El mismo se ha puesto a buscarnos.  Dios ama a los hombres y por eso sale al encuentro de la inquietud de nuestro corazón. Por toda la vida y la eternidad podemos, con una alegría creciente, continuar buscándolo, para conocerlo cada vez más y amarlo cada vez más”.

El Oleo de los enfermos: “Tenemos ante nosotros la multitud de las personas que sufren: los hambrientos y los sedientos, las víctimas de la violencia en todos los continentes, los enfermos con todos sus dolores, sus esperanzas y desalientos, los perseguidos y los oprimidos, las personas con el corazón desgarrado. El curar es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia, según el ejemplo que Él mismo nos ha dado, al ir por los caminos sanando a los enfermos. El anuncio del Reino de Dios, de la infinita bondad de Dios, debe suscitar ante todo esto: curar el corazón herido de los hombres. Si se deteriora nuestra relación con Dios, si la orientación fundamental de nuestro ser está equivocada, tampoco podemos curarnos de verdad ni en el cuerpo ni en el alma. Por eso, la primera y fundamental curación sucede en el encuentro con Cristo que nos reconcilia con Dios y sana nuestro corazón desgarrado. Pero además de esta tarea central, también forma parte de la misión esencial de la Iglesia la curación concreta de la enfermedad y del sufrimiento. El óleo para la Unción de los enfermos es expresión sacramental visible de esta misión”.

Finalmente:” el más noble de los óleos eclesiales, el crisma, una mezcla de aceite de oliva y de perfumes vegetales. Es el óleo de la unción sacerdotal. En la Iglesia, este óleo sirve sobre todo para la unción en la Confirmación y en las Sagradas Órdenes…Haz Señor, que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, ungidos por el óleo del bautismo y la confirmación, para que en este tiempo de misión continental, demos testimonio de tu mensaje con alegría”.

Luego, el Obispo, sopló sobre el Santo Crisma, evocando uno de los tantos gestos con que la Iglesia quiere significar la transmisión del Espíritu, que todo lo renueva y santifica.

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