CUARESMA, en el Año de la Misericordia

maxresdefault

Qué es la Cuaresma

En marzo del 2013, el Papa Francisco, en su primer “ángelus” compartido con la muchedumbre que llenaba la Plaza de San Pedro, nos mostró su corazón rebosante de misericordia motivado, también, por la lectura del libro del Card. Walter Kasper sobre ese tema. Podemos pensar que ya desde entonces se estaba fraguando en él la propuesta del año de la Misericordia, al que nos convocó con su bula Misericordiae Vultus y que empezamos a vivir el 8 de Diciembre recién pasado.

En ese documento rico en motivaciones bíblicas, espirituales y pastorales, el Papa dedica el número 17, a valorar la Cuaresma como tiempo fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. En este CONALI INFORMA, me permitiré retomar ese texto interviniéndolo con algunos comentarios (habría muchos más) que, ojalá, nos ayuden a todos a vivir con un intenso sentido de misericordia la cuaresma que se inicia el ya muy próximo 10 de Febrero, con el Miércoles de Ceniza. El texto papal irá en cursivo, dejando el tipo recto para los aportes y para los subtítulos que son aportes del redactor.

 CUARESMA, MOMENTO FUERTE DE MISERICORDIA (n.17)

1 Motivación inicial

La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios.

Este momento fuerte empieza el Miércoles de Ceniza, que este año cae el 10 de Febrero, y terminará el Jueves Santo, 24 de Marzo, dando paso, con la Misa de la Cena del Señor, al Triduo Pascual.  El inicio tan adelantado de la Cuaresma, hace más sensible el serio desafío de inculturación que este tiempo litúrgico encuentra, particularmente, en Chile. Los cristianos del hemisferio norte el 10 de Febrero están en pleno invierno, llamados por el frío y la oscuridad, a una vida más recoleta y austera. En Chile, en cambio, estamos en el mes preferido para las vacaciones de verano, con días llenos de luz y calor, con muchedumbres disfrutando del sol, del agua y la arena en las playas, con otros muchos en los hermosos parajes de campo y cordillera, todos con abundancia de frutas, hortalizas y mil deliciosas ofertas gastronómicas y variadas propuestas de diversión. En ese contexto ¿tiene sentido efectivo celebrar el miércoles ceniza como “initium ieiunii” (inicio del ayuno y, ahora, además de la cuaresma)? Sin ahondar más en la necesidad de inculturación de este tiempo, nos permitimos sugerir un fuerte llamado pastoral, a comprometernos con el camino cuaresmal, con una celebración penitencial, inspirada en la liturgia de Cenizas, para el último viernes de Febrero o, mejor,  para el primer viernes o sábado de Marzo como señalaremos más adelante. ¡Es desde ya una buena sugerencia!

2 La Palabra de Dios nos llama a la misericordia en Cuaresma

¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre!

Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir:
Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19).

Las páginas del profeta Isaías podrán ser meditadas con mayor atención en este tiempo de oración, ayuno y caridad:
« Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!». Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si partes tu pan con el hambriento y sacias al afligido de corazón, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan» (58,6-11).

Toda la liturgia de Cuaresma es de una gran riqueza de Palabra de Dios para iluminar nuestra miseria y para revelarnos al Dios rico en misericordia. En este comentario nos vamos a limitar a destacar el evangelio del Miércoles Ceniza y  la secuencia de los domingos de cuaresma de nuestro ciclo C.

 Programa cuaresmal: Limosna, Oración  y Ayuno (Mt 6,1-18)

El evangelio del Miércoles Ceniza, invita a ejercitarnos en la cuaresma que empieza, en estas obras específicas, que el Sermón de la Montaña recomienda a los cristianos, realizarlas, con el espíritu nuevo del Reino.

En 6,1-18 no aparece en ningún momento la palabra “fariseo” y,  por tanto, sería erróneo interpretar esta sección como un ataque contra ese grupo. Más bien alerta contra una actitud que se puede encontrar en cualquier persona, y en particular, en quienes por tener servicio de autoridad religiosa, están expuestos a “mostrarse”, más que a “ser”, piadosos, mortificados y caritativos.

Como ha hecho con la Ley, Jesús pone aquí estas obras de piedad en la perspectiva adecuada: ellas tienen sentido en la medida que estén motivadas por una relación sincera y fiel con Dios y con los demás seres humanos.

(1) Limosna 
6 1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 

2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

 3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Subrayados
Cuando des limosna… La limosna estaba mandada en la Ley (Dt 15,7-11) como expresión de la alianza, primeramente hacia los miembros del pueblo de Israel. La misma Ley extiende igual actitud hacia todos los necesitados, también extranjeros (Dt 24, 17- 22). Era un modo de compartir los dones de Dios, Creador y Padre de todos.

No hagas como hacen los hipócritas.“Hipócrita” una palabra griega que originalmente significaba actor, intérprete. Las personas aquí criticadas están actuando para un público al convertir su limosna en un espectáculo en las sinagogas y en las calles. Lo hacen para que la gente los aplauda y así vaya la gloria a ellos y no a Dios a quien se debe  todo honor y gloria (5,16; 9,8; 15,31).

Que tu mano izquierda  ignore lo que hace la derecha. La limosna en secreto, sin fanfarria, es valorada y recompensada por Dios.

(2) La oración
También la oración se puede convertir en una actuación, en lugar de ser comunión personal con Dios. Quienes buscan el aplauso de la gente, reciben su recompensa de esa vanagloria.

6.5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

9 Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
10 que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

11  Danos hoy nuestro pan de cada día. 12 Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
13 No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.


14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Subrayados
Cuando ustedes oren…  Como “hijos de Dios”, con sencillez,   entra en tu pieza, en un lugar tranquilo para conversar con el Padre sin interrupciones ni distracciones. Entra en tu interioridad y como hijo de Dios habla a tu Padre con sinceridad y limpieza de corazón, con la certeza que serás escuchado.

El Padre nuestro. Un ejemplo de cómo orar y del tipo de peticiones que un hijo de Dios necesita compartir con el Padre celestial es la oración que Jesús nos enseñó. Destaca por sus fórmulas breves y densas.

Si perdonan sus faltas… el Padre los perdonará…Es notable la reiteración de esta insistencia en la necesidad de perdonar, si se quiere ser perdonado.

 (3) El ayuno. 
Era una práctica común en la vida judía, particularmente el día de la expiación y como signo de duelo (Sal 35,13; Zac 7,1-14; 8,18-19).

  1. 6. 16Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Subrayados
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste  Jesús, con una fina ironía, invita a no ser como los hipócritas que hacían irreconocibles sus rostros, restregando cenizas en la cara, para que su ayuno fuera reconocido por la gente.

Tú perfuma tu cabeza y lava tu rostro.  Ungirse la cabeza con óleo, como en ocasiones festivas, y lavarse la cara permitirá que el ayuno personal sea un sincero compartir la tristeza por los duelos personales y sociales con el Padre celestial. Vestirse de saco y ceniza, no sirve de nada si no está acompañado de la caridad con el pobres y necesitado (Is 58,1-11).

(4) Para ser misericordiosos como el Padre
La Iglesia ha valorado estas obras de piedad y las presenta como el gran ejercicio que todo cristiano está llamado a hacer en el tiempo de cuaresma, preparando su renovación pascual. En particular en este año de la misericordia necesitamos orientar estas acciones a ser “misericordiosos como el Padre”. Lo lograremos en la medida que vayamos creciendo como:

Hijos(as) de Dios, llamados a desarrollar su filiación, ejercitándonos en la oración y la escucha de la Palabra de Dios. Ellas nos permitirán hacernos sensibles a las miserias propias y ajenas, y a desarrollar un corazón rico en misericordia.

Hermanos(as) en comunión, llamados a ejercitarnos en actividades de caridad fraterna y solidaridad (limosna), en particular en las obras de misericordia corporales y espirituales.

Señores(as) en el Espíritu: llamados a tener dominio de nosotros mismos, ejercitándonos en la capacidad de opción y renuncia, para estar siempre prontos y ágiles al servicio de la vida y del Reino de Dios.

  1. Secuencia de los domingos de cuaresma del ciclo C

Los domingos de cuaresma tienen un dinamismo que es bueno conocer para vivir mejor todo este tiempo. Esa secuencia comporta

  • Dos domingos de iniciación a la cuaresma: El Domingo 1°: Relato de las tentaciones y el 2° relato de la transfiguración, según el evangelio correspondiente a cada ciclo. En este año: según Lucas. Estos dos relatos, correlativos, son una excelente motivación a unirnos a la cuaresma vivida por Jesús en el desierto, y antes por Moisés (Ex 24,18) y Elías (1 Rey 19,8) en el Sinaí (u Horeb). Los tres “cuaresmeros” de la historia de Israel, aparecen transfigurados en el Monte Tabor. Es la transfiguración que espera a quienes vivan generosamente el tiempo cuaresmal. ¡Excelente motivación vivir la cuaresma y practicar las obras cuaresmales!
  • Tres domingos catecumenales y penitenciales: En algún tiempo de su historia, la Cuaresma conforma la preparación inmediata al bautismo que los catecúmenos celebran en la Vigilia pascual y, también, a la reconciliación que espera al grupo de penitentes, antes de la Misa en la Cena del Señor. El Ciclo A, recoge los grandes temas bautismales del Evangelio de Juan: Agua viva para la Samaritana (4, 5-42), luz para el ciego de nacimiento (9, 1-41) y vida para Lázaro (11,1-45). Estos evangelios del ciclo A, por su fuerte significación bautismal, pueden emplearse en todos los ciclos. No es  bueno hacerlo en este año de la Misericordia, sin embargo. El ciclo C de Lucas, en efecto, ofrece una potente secuencia penitencial y de misericordia: Domingo 3°: Lc 13, 1-9: Necesidad y tiempo para la conversión y la misericordia; Domingo 4°: Lc 15, 1-3. 11-32: Parábola del Padre Misericordioso; Domingo 5°: Misericordia para la mujer adúltera.

En este año de la misericordia es obvio que estamos llamados a destacar con mucha fuerza estos textos, como sería, por ejemplo, trasladar para después de su lectura, el rito penitencial que está al inicio de la celebración. Otra buena sugerencia, sobre todo, para el evangelio del Padre Misericordioso.

  • Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor”: Jesús, el que viene en nombre del Señor, viene como “rostro de la misericordia de Dios”, a mostrar esa misericordia: mirando a Pedro en su negación, perdonando a quienes lo crucifican porque no saben lo que hacen, acogiendo en el paraíso al malhechor arrepentido. Puede ser valioso, destacar en el relato de la pasión estas y otras expresiones de la misericordia del Señor. Por ejemplo: Después de negación de Pedro y de mirada de Jesús, intercalar: “Jesús miró con misericordia a Pedro”. TODOS (CANTAN) Oh Señor, ten piedad de nosotros. En forma análoga se pueden hacer otras intervenciones más.

3 El sacramento de la reconciliación: corazón del jubileo de la Misericordia
La iniciativa “24 horas para el Señor”, de celebrarse durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis. Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior.

Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva. Cada uno de nosotros ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado. No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido delante de la misericordia del Padre que no conoce confines. No harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia.

  1. Tiempo de reconciliación

Todo este año jubilar que está corriendo desde el 8 de Diciembre hasta el Domingo 20 de Noviembre Fiesta de Cristo, Rey de la Misericordia, es un tiempo privilegiado para celebrar el sacramento de la reconciliación, sea en forma personal, sea en las formas comunitarias que se vayan proponiendo.

En particular, sin embargo, el Papa Francisco nos invita a cuidar, en el desarrollo de la cuaresma las llamadas “24 HORAS PARA EL SEÑOR”. Ellas este año se ubican el viernes 4  y el sábado 5 Marzo, precediendo el cuarto domingo de Cuaresma. Con Marzo la vida vuelve a su ritmo más regular (¡con la tensión del inicio de clases!) lo que puede aprovecharse para un relanzamiento del inicio de la cuaresma que la mayoría no pudo vivir al estar de vacaciones, como sugerimos en nuestro comentario a la Motivación inicial (n.1).

En ese domingo IV este año, se proclamará el evangelio del Padre Misericordioso. Una gran oportunidad para hacer de ese domingo llamado de “laetare”, de alegría, una gran fiesta de la reconciliación y la misericordia, no sólo para los hijos alejados sino, sobre todo, para los hijos endurecidos en el cumplimiento y rutina de una religión sin alma. Ellos, “los hermanos mayores”, proyectando muchas veces una imagen de iglesia fome y latera, favorecen que muchos “hermanos menores” no se sientan a gusta en la casa del Padre y se alejen de ella, a pesar que lo que más quiere el Padre misericordioso, es que su casa sea una casa en fiesta.

Una buena sugerencia más es utilizar en la eucaristía del IV Domingo de cuaresma de este año, la plegaria eucarística de la reconciliación 1.

  1. Ministros de la reconciliación

Las palabras del Papa Francisco dirigidas a los confesores, a propósito de ese servicio que será necesario intensificar en el tiempo de cuaresma, son bastante elocuentes como para no oscurecerlas con más comentarios. Creo, sin embargo, que el Papa Francisco que inició su vida cristiana en el ambiente salesiano parroquial del barrio de Almagro de Buenos Aires y luego fue alumno en el colegio de Ramos Mejías, estará feliz que se ilustren sus palabras con el testimonio de ese gran confesor que fue San Juan Bosco, especialmente, para los jóvenes. Especialmente, en sus biografías de “jóvenes santos” Don Bosco presenta su experiencia de confesor. Ofrecemos para terminar un breve texto tomado de un estudio del P. Rafael Borges sdb.

Este es el perfil de confesor que plantea Don Bosco en el capítulo IV de su Biografía de Miguel Magone.

  • Un amigo que desea la salvación eterna de sus jóvenes (y demás penitentes)
  • Un padre que desea ardientemente hacer el mejor bien posible y que busca modos para promover el bien y alejar el mal de la vida de los muchachos.
  • Un consejero que confía en sus penitentes.
  • Un amigo del alma, el confesor fijo, siempre pronto a la escucha.
  • Un sacerdote que ora por sus penitentes y por el cual oran también ellos.

Concluye Don Bosco:
“Reciban a cualquier penitente con caridad, especialmente si son jóvenes. Ayúdenles a expresar las cosas de su conciencia, insistiéndoles en que vengan a confesarse con frecuencia. Este es el medio más eficaz para que ellos permanezcan lejos del pecado. Usen todas sus mejores formas para que ellos practiquen las indicaciones que Uds. les dan para evitar recaídas. Corríjanlos con bondad, nunca un regaño porque de ese modo no volverán a verlos o no dirán todo para una próxima vez. Cuando tengan su confianza y con suma discreción, vean el modo más prudente que puedan para que si es el caso se liberen de cosas que pueden tener atravesadas en su conciencia”

Termino este aporte para vivir una gran cuaresma en este año de la misericordia, dando gracias con el prefacio de la plegaria eucarística de la reconciliación por el regalo de este jubileo.

En verdad es justo y necesario
darte gracias siempre,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:

Porque no dejas de alentarnos a tener una vida más plena,
y, como eres rico en misericordia,
ofreces siempre tu perdón
e invitas a los pecadores a confiar sólo en tu indulgencia.

Nunca te has apartado de nosotros,
que muchas veces hemos quebrantado tu alianza,
y por Jesucristo tu Hijo, nuestro Redentor,
tan estrechamente te has unido a la familia humana
con un nuevo vínculo de amor,
que ya nada lo podrá romper.

Y ahora, mientras le ofreces a tu pueblo
un tiempo de gracia y reconciliación,
alientas a esperar en Cristo Jesús
a quien se convierte a ti
y le concedes ponerse al servicio de todos los hombres,
confiando más plenamente en el Espíritu Santo.

Que vivamos en abiertos al regalo de la misericordia de Dios y siendo, también nosotros, “rostros de misericordia” para nuestros hermanos.

  1. José Lino Yáñez sdb