La JMJ a la luz del documento de Aparecida

 

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El Padre Federico Lombardi, Portavoz de la Santa Sede, ha señalado como el documento adoptado tras finalizar la 5 Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13-31 de mayo de 2007), conocido como el documento de Aparecida, aporta algunas claves para entender temas claves de la JMJ de Rio de Janeiro.

El tema de la Conferencia de Aparecida fue: Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestro pueblo tenga vida en El.

El Papa Francisco, siendo Cardenal, dirigió los trabajos del grupo que elaboró el mensaje final, recogiendo las contribuciones de miles de miembros de la iglesia latinoamericana. El documento fue aprobado en el santuario de Aparecida el 29 de mayo de 2007.

El mensaje final se articula en cinco puntos: Jesús, Camino, Verdad y Vida; llamados al seguimiento de Jesús; el envío misionero en la pastoral de la Iglesia; discípulos misionarios al servicio de la vida y hacia un continente de la vida, del amor y de la paz.

 La dimensión misionera

El documento de Aparecida indica claramente la opción misionera, la “misión continental” de la Iglesia latinoamericana. Esa dimensión se encuentra también muy presente en el lema de la JMJ: “Id y hacer discípulos a todas las naciones” (Mt 28:19). Tanto Aparecida como la JMJ son una invitación a vivir con coherencia la fe, a vivir plenamente la pertenencia a la comunidad cristiana, a ser signo de contradicción y de novedad “en un mundo que promueve el consumismo y desfigura los valores que dignifican al ser humano”. Aparecida, como la JMJ, convoca a todos (jóvenes y menos jóvenes) a no permanecer con los brazos cruzados– así lo recordó el Papa en su llegada a Rio de Janeiro al señalar que deseaba hablar a toda la sociedad, porque los jóvenes no son una categoría en si mismos, sino que forman parte de la sociedad-. Ser misionero es, sobre todo, “ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras”. Así aparece clara la atención pastoral “de los excluidos” de la ciudad, de la sociedad, y del hombre, a los que a menudo se refiere el Papa Francisco. Aparecida y la JMJ se enfrentan a la “cultura del despilfarro” y de la exclusión. La JMJ es una demostración latente de esta cultura de la inclusión y del encuentro, del respeto por la creación, como muestra la diversidad social y cultural presente entre los jóvenes que están viviendo la JMJ de Rio.

La dimensión social

La exigencia misionera del documento de Aparecida es una clara invitación dirigida a los cristianos del contiente a ser actores y protagonistas en la construcción “de un mundo más justo, reconciliado y solidario”.

Aparecida denuncia la diferencia evidente entre ricos y pobres presente en el continente y propone la opción preferencial y evangélica por los pobres. La Iglesia latinoamericana está plenamente implicada en promover una cultura de honestidad contra las distintas formas de violencia, enriquecimiento ilícito y corrupción, además de promover el desarrollo sostenible basado en la justa distribución de la riqueza y de los bienes entre toda la sociedad.

Los distintos eventos de la JMJ son una muestra evidente del empeño de la Iglesia en la defensa de los más debiles, sobre todo de los enfermos, los discapacitados, los jóvenes en riesgo, los presos y los inmigrantes. Desde esta perspectiva pueden ser contempladas las visitas del Santo Padre al Hospital de San Francisco, a la Favela de Varginha, y el encuentro con los jóvenes detenidos, todos ellos concrecciones de las obras de misericordia cristianas.

La JMJ quiere traducir el empeño de la Iglesia en garantizar el derecho de los pueblos a defender y promover “los valores subyacentes en todos los estratos sociales, especialmente en los pueblos indígenas”, como pone de manifiesto la riqueza y la variedad cultural del Festival de la Juventud.

En resumen, la JMJ es una celebración de la vida y de la paz, de la justicia y de la esperanza, y constituye una expresión práctica del mensaje de Aparecida.