Mons. Vargas “A 500 años de la Reforma de Lutero”

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Cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinto centenario de la Reforma, Luteranos y Católicos hemos expresado nuestra gratitud gozosa a Dios por el momento de oración en común esta semana, con el Papa Francisco  en la Catedral luterana de Lund, Suiza, y también en nuestra Catedral de Temuco. Los últimos cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre Católicos y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al mismo, gracias a la inspiración de Dios,  nos hemos acercado más unos a otros a través del servicio al prójimo, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violenciay explotación del medio ambiente. A través del diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.

Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Impulsados por el Espíritu Santo, gran constructor de unidad, hemos decidido pasar del conflicto a la comunión. Cristo desea que seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21).

Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa común, como expresión concreta de la unidad  plena. Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos seamos capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Llevemos el compromiso de realizar cada día un gesto de paz, un gesto de reconciliación, para ser testigos valientes y fieles de esperanza cristiana. Y como sabemos, la esperanza del Evangelio no defrauda.Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos juntos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad.