Monseñor Héctor Vargas “El diálogo para ser auténtico debe tener también en cuenta el bien común”

Tras los acontecimientos ocurridos el día jueves 7 de septiembre, donde en el marco de una manifestación, parte de los convocados ingresaron violentamente a la Catedral de Temuco, generando desorden, algunos daños e intento de toma del lugar sagrado. El Sacristán  de la  Parroquia, don José Parra Aravena, fue gravemente atacado, resultando con múltiples contusiones producto de la serie de  golpes recibidos de parte de los manifestantes.

En la mañana del viernes 8, Monseñor Héctor Vargas Bastidas, obispo de la Diócesis de San José de Temuco, celebró una Misa de reparación en el Templo Catedral, instancia donde se refirió a la  compleja y delicada situación que vive nuestra Región de La Araucanía. “ Dicha realidad, dice relación esencialmente con tres grandes ámbitos en los que se concentran la mayor parte de los desafíos más serios y urgentes, como son la deuda histórica con el Pueblo Mapuche, la situación dramática de las víctimas de la violencia rural, y los muy preocupantes indicadores que nos ubican como la Región más pobre del país”, expresando que se ha venido generando así, una triple postergación del  Estado respecto de esta tierra y su gente, siendo temas no fáciles de abordar, ya que generan visiones, sentimientos y posturas distintas e incluso contradictorias.

Enfatizó en el anhelo de la Iglesia, de colaborar en la construcción a futuro de una cohesión social tal, que nos permita vivir finalmente en paz, en el pleno respeto a la vida, identidad y dignidad de cada uno, gracias a la debida reconciliación, reparación, justicia y desarrollo integral para todos.

Puntualizó en tres elementos, a tomar en cuenta “si queremos avanzar en nuestros desafíos como Región”, señaló monseñor Héctor Vargas.

EL DESAFÍO DE LA INTERCULTURALIDAD

“Si queremos construir cohesión social, para una paz en la justicia, unos y otros, no sólo debemos conocer y respetar las distintas culturas en que vivimos en su esencia, sus formas de vida y manifestaciones, sino promover una constante y necesaria interacción”. Agregó que las culturas toman vida, se reformulan y renuevan una y otra vez a partir del encuentro con el otro. “Salir de sí mismos y considerar el mundo desde un punto de vista diverso no es negación de sí, es un necesario proceso de valorización de la propia identidad”

Señaló además, que la interculturalidad es posible porque se basa en que todos compartimos la misma e idéntica naturaleza y dignidad humana, en la cual todos son persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libertad, y que, por tanto, tiene por sí misma derechos y deberes, que brotan de su propia naturaleza.

EL DESAFÍO DEL BIEN COMÚN

Sobre este punto, manifestó que el bien común se puede considerar como la dimensión social y comunitaria del bien moral,” El bien común corresponde a las inclinaciones más elevadas del hombre, pero es un bien arduo de alcanzar, porque exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio”, agregando también que “Este bien tiene valor sólo en relación al logro de los fines últimos de la persona y al bien común de toda la creación. Es por ello que una visión puramente histórica y materialista terminaría por transformar el bien común en un simple bienestar socioeconómico, carente de finalidad trascendente, es decir, de su más profunda razón de ser”.

EL DESAFÍO DEL DIÁLOGO

Al respecto expresó que “En vista a situaciones complejas de tipo político, económico y social como Región, se plantea el tema del diálogo como camino privilegiado para la superación de situaciones de crisis. Aun así, paradojalmente, no es un ejercicio sencillo, y normalmente suele estar lleno de dificultades que en ocasiones pueden llevar al fracaso de los esfuerzos”.

Planteó que ante todo implica un respeto y valoración por la otra parte, traducida en la convicción que tiene aportes que ofrecer. Así, requiere superar la tentación de sentirse dueños absolutos de la verdad e imponerla al otro. “El único modo de eternizar un conflicto, es cerrando filas entre los iguales, que comparten la misma visión de mundo, con idénticas actitudes e  iguales formas de acción. Así, los anhelos y esperanzas, dolores y angustias de la otra parte o del resto de la sociedad, arriesgan quedar postergados”, dijo el Obispo de Temuco, agregando además que el diálogo para ser auténtico debe tener también en cuenta el bien común, evitando que éste se lleve a cabo desde los solos intereses de las partes directamente involucradas, sin considerar, el impacto que los acuerdos podrán tener en el vasto colectivo social en que se aplicarán. “Es esencial la negociación y búsqueda de consensos que sin duda puede significar procesos más lentos, pero se avanza con la mayoría, que además sólo así, se siente llamada a colaborar y facilitar las transformaciones necesarias”.

Fue enfático en resaltar que “La grandeza del hombre consiste, precisamente, en ser imagen de Dios y la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y  sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador. Por ello, lo que se hizo con nuestro hermano Sacristán, Don José y su dignidad, es incomprensible”.

Monseñor Héctor Vargas, culminó sus palabras con las esperanzadoras frases del Papa en Colombia: “La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”. “Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo”. “No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, y quien rige la convivencia pacífica”.