Monseñor Héctor Vargas “Ignorar a Dios significa apartarse de su mirada de amor y querer administrar por cuenta propia la existencia y el actuar en el mundo”

Qué nos trajo Francisco?

Unas trecientas mil personas según Carabineros, desafiando el frío y el calor, peregrinaron hacia el ex aeropuerto de Maquehue, o se agruparon  a lo largo de toda la Avenida Caupolicán, para un encuentro con el Papa Francisco. Desconocemos aun, la cantidad que siguió la celebración por TV.Llama poderosamente la atención que semejante e inédita convocatoria en nuestra ciudad, en que también se sumaron no creyentes, o fieles de otras Confesiones.

Nos preguntamos, cómo en una sociedad que pareciera caminar hacia la secularización, a una suerte de divorcio entre las realidades humanas respecto del tema religioso, o un tipo de corrientes de pensamiento particularmente agresivas e intolerantes ante la visión de la fe, manifieste en forma tan masiva su interés por presenciar y escuchar el mensaje de un gran líder religioso, como es el Sucesor de Pedro.Quizás, los conceptos de política, cultura, economía, ser humano, progreso, ciencia,  y los modelos de sociedad que se nos han venido ofreciendo, si bien han venido dando respuestas a desafíos importantes y necesidades de la población, no han logrado colmar las ansias y anhelos más profundos de las personas,  originando la pérdida de sentido o el vacío existencial.

Ignorar a Dios significa apartarse de su mirada de amor y querer administrar por cuenta propia la existencia y el actuar en el mundo. La ruptura de la relación de comunión con Dios provoca la ruptura de la unidad interior de la persona humana, de la relación de comunión entre el hombre y la mujer y de la relación armoniosa entre los hombres y las demás criaturas. En esta ruptura originaria debe buscarse la raíz más profunda de todos los males que acechan modelos de desarrollo que atentan contra la dignidad de la persona, contra la justicia y contra la solidaridad, olvidando que el hombre no puede y no debe ser instrumentalizada por las estructuras sociales, económicas y políticas, porque todo hombre posee la libertad de orientarse hacia su fin último. Cualquier visión totalitaria de la sociedad y del Estado y cualquier ideología puramente intramundana del progreso, son contrarias a la verdad integral de la persona humana y al designio de Dios sobre la historia.

En efecto, el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social.Por ello, más temprano que tarde, hastiados de materialismo banal y superficialidad degradante,nace espontánea la búsqueda de lo espiritual, de lo trascendente, de la bondad y la belleza, de la verdad última de sí mismo a la luz del amor, y la conquista de la paz interior. No pocos lo perciben en la persona y mensaje de un Padre como Francisco.