Monseñor Héctor Vargas se refiere al ” Día del Padre”

Varón, esposo y papá

El varón desde su especificidad, está llamado por el Dios de la vida a ocupar un lugar original y necesario en la construcción de la sociedad, en la generación de la cultura, y en la realización de la historia. Profundamente motivado por la hermosa realidad del amor que tiene su fuente en Jesucristo, se siente fuertemente invitado a formar una familia. Allí en una esencial disposición de reciprocidad y complementariedad, vive y valoriza para la plenitud de su existencia, la activa e insustituible riqueza y aporte de la mujer, que le permite reconocer más nítidamente su propia identidad. Todo esto llena de sentido su vida, y es fuente de alegría y fortaleza para enfrentar cada día los más diversos desafíos.

Hoy, un porcentaje de varones suele sentir agobio, stress y vacío. A veces por exigencias  familiares, económicas, laborales y sociales. En ocasiones,  por experimentar  la falta de una  mayor comprensión, acogida y afecto de parte de los suyos.  O por con la percepción de ser valorizados solo  de acuerdo a lo que aportan materialmente en casa, y sin espacios vitales donde compartir sus sentimientos más profundos acerca de lo que les ocurre, sus anhelos, heridas, búsquedas y angustias y sueños.  No pocos de ellos, ansían más a menudo de sus esposas e hijos un “te quiero”, “te amo”, “gracias por ser mi papá”, más aún si deben postergarse por ellos. Así, pueden quedar expuestos a una situación de progresiva insatisfacción, incomunicación o soledad,  que arriesga dejarlos a merced del poder desintegrador de ciertos rasgos de la cultura actual., al embate y seducciones de estilos de vida frívolo, consumista y competitivo, a buscar fuera compensaciones complejas  que les llevan a adicciones o distintas relaciones afectivas. En medio de estas situaciones, y cuánto más aún si alejados de una vida espiritual y religiosa, algunos terminan perdiendo primero sus valores, luego su familia, esposas e hijos, cuando no su dignidad. Los sufrimientos para unos y otros no son menores. De hecho nuestra sociedad, lamentablemente se caracteriza por una fuerte orfandad de padre.

El “Día de Padre” nos desafía a promover en todos los ámbitos el desarrollo de valores y actitudes, que faciliten en las nuevas generaciones generar competencias que les permitan favorecer el rol del varón en la vida matrimonial, en el ejercicio de la paternidad, en la educación de los hijos;  desarrollar a la luz de las ciencias humanas la investigación y reflexión para conocer la situación actual del mundo de los varones, y las consecuencias del impacto de los actuales modelos culturales en su identidad y misión. Denunciar una mentalidad neoliberal que no descubre en el padre más un instrumento de producción y ganancia, relegándolo incluso en la familia a un papel de mero proveedor. La creciente práctica de políticas públicas y privadas de promover el domingo como día laboral, son destructivas de las familias y de la calidad de vida de los padres.  Que el Señor bendiga a todos los papás, que comparten la paternidad amorosa de Dios Creador.