Monseñor Héctor Vargas y la Mesa Asesora Presidencial en La Araucanía

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Queridos Hermanos

Desde hace tiempo, diversos sectores de la Región, venían exigiendo a los Gobiernos de turno dar alguna nueva señal respecto de su preocupación por la situación integral de esta zona. Tanto la sociedad civil organizada, como el Poder Ejecutivo, han llevado a cabo iniciativas al respecto. El denominador común, es que con ello se avanzó muy poco, lo que ha sumado nuevas frustraciones y desesperanzas en una Araucanía que agrega preocupantes índices de pobreza, aumento de la falta de recursos hídricos, incluso para el consumo doméstico, el avance de la violencia con sus efectos perversos en las víctimas y bienes productivos, la inequidad en el desarrollo de la capital regional respecto de las comunas, el desafío de la interculturalidad, y los temas de fondo relacionados con la justicia adeudada al Pueblo Mapuche, que espera hace más de un siglo.

Es por ello, con razón, que un porcentaje de la población y distintos líderes teme que ésta Mesa Asesora Presidencial, organizada por el Gobierno,  pueda ser más de lo mismo y no llegar finalmente a puerto. Es decir, que sus propuestas por valiosas y pertinentes que sean, no tengan nuevamente, mayor eco en el Ejecutivo y en el Parlamento. Ello es clave, porque las respuestas más serias de la Región, pasan necesariamente por un cambio en nuestra legislación, incluso de la Constitución Política. De hecho, ésta garantía fue la primera petición a los Ministros del área Política de La Moneda en la sesión inaugural. Otras, la de trabajar con total libertad, autonomía e independencia.

En esta vida, las directivas, equipos deportivos, partidos políticos, movimientos sociales, gobiernos, Iglesias,  e incluso familias “perfectas” o “ideales”, no existen. Tampoco una Mesa como ésta. Por tanto, es normal que no exista completo acuerdo en su composición y de diversos sectores se escuchen opiniones críticas.Pero más allá de esto, luego de la primera sesión, ha quedado demostrado que existe una clara consciencia de la enorme responsabilidad que este mandato Presidencial implica, del deseo de sus integrantes de llevar a cabo un trabajo muy serio, de escuchar a los diversos sectores que deseen compartir sus reflexiones y aportes en favor de la justicia y la paz en La Araucanía, de levantar un temario con los temas más sensibles, de instalar comisiones de profundización de los mismos, de contar con la asesoría de expertos, y discernir formas de consenso. Tenemos claro que las grandes esperanzas no se colman automáticamente con el fruto de una mesa, implica procesos, pero confiemos que pueda ser un paso más para avanzar en la dirección correcta.

Como todos sabemos bien, se trata de adentrarse en temas que son muy, complejos, en donde se  entre cruzan sentimientos, prejuicios, ideologías, intereses políticos, sociales y económicos, y en modo particular,  una dolorosa historia de desencuentros y violencia.  Es por ello, que el haber sido involucrados como Iglesia en esta instancia tan importante para la Región, les invito a participar activamente con su oración personal y comunitaria, con el fin que el Señor abra los corazones y los predisponga al diálogo, y mueva las voluntades, hacia a los grandes acuerdos que necesitamos por el bien todos los hombres y mujeres de La Araucanía.

Desde ya mi respeto y admiración por quienes venciendo temores y obstáculos, quitando espacios a sus trabajos y familias,  han aceptado con enorme generosidad este desafío solo por el bien común de esta tierra que amamos, y a la que queremos servir con los mejor de nosotros mismos.

Con afecto de Padre y Pastor,

Mons. Héctor Vargas Bastidas, sdb

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