Monseñor Vargas recordó la fuerza del amor

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La Vigilia Pascual de la Misa de Resurrección, convocó a miles de feligreses  a las distintas parroquias de la Diócesis, y en la capital regional de La Araucanía, específicamente, en el centro de  Temuco, el Templo Catedral vivió también  esta Noche Santa, en la que con toda la Iglesia, se elevó oración de alabanza y gratitud a Dios Padre, por otorgarnos una nueva vida.

La celebración de anoche, estuvo constituida por distintos signos, que manifestaron y comunicaron esta gran noticia de la Resurrección. Fue así como en medio de la oscuridad,  brilló el fuego, y nuestro obispo encendió el Cirio que representa a Cristo Resucitado. También, se escuchó el Pregón Pascual, la acción salvadora de Dios en la historia con el relato de las lecturas bíblicas, y junto al Coro Catedral se entonó el Gloria y el Aleluya como expresión de triunfo y alabanza.

Monseñor Héctor Vargas, nos señaló que: “esta es la gran noche en que hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y del señorío de la muerte. Jesús con su muerte y resurrección, nos ilumina en nuestro camino y enciende en nuestros corazones el amor a Dios Padre y a nuestros hermanos”.

Señaló además que:  “Él es la vida, en Él no hay signo de muerte, fuimos creados a su semejanza, somos creados para vivir eternamente, porque Él nos hizo libre… Jesús vino para demostrarnos que podemos vivir en el amor y que el amor es más fuerte que la muerte”.

“En lo más profundo de nuestro ser hay  anhelo de eternidad, donde el corazón es el amor definitivo”.

Argumentó además, que este mundo no sacia el corazón, al no tener amor algo falta y eso produce nostalgia.

Tomó como gran ejemplo, el amor que se manifiesta por estos días con nuestros hermanos de Valparaíso, “la solidaridad que vemos hoy es muy conmovedora, es el signo concreto de Jesucristo resucitado, hay miles de voluntarios, que a través de ellos donan su amor sin ninguna recompensa, ellos han vivido la Pasión de Cristo en tantos hermanos”.

Contó algo muy conmovedor, dado que  hace pocas horas atrás recibió una llamada de unos amigos de Valparaíso, ellos le contaron que unos voluntarios habían encontrados entre los escombros, una Biblia, que estaba casi toda quemada y que la única hoja que quedó sin destruir del AT, era una cuyas palabras decían que “Los levantaré pueblo mío de entre sus cenizas”.

Tras la homilía del Obispo, se vivió la Liturgia Bautismal, donde se bendijo el agua y se renovaron las Promesas Bautismales.

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