Padre Yovane Cox: Un misionero chileno en Centroáfrica

Niños soldados, guerra, persecución, pobreza… ese es el día a día del Padre Yovane Cox en uno de los países más pobres y peligrosos del mundo. Él lleva más de 12 años como misionero en Bema, Centroáfrica. Allí, en una comunidad de 30 mil habitantes de extrema pobreza, no sólo realiza sus labores pastorales. También tiene a su cargo una escuela para 300 niños. Y su sueño es abrir este año otra escuela con capacidad para 400 alumnos.

 

Antes de ordenarse sacerdote, el Padre Yovane Cox fue destinado a la República Centroafricana. Eso hace ya 12 años. Ahí no sólo terminó el seminario, sino que estableció el lugar en donde serviría el resto de su vida. “Tengo sangre chilena, pero mi corazón es negro”, comento. En el corazón de África, uno de los países más peligrosos del mundo, y el segundo más pobre, este sacerdote chileno –nacido y criado cerca de Vicuña- cumple hoy en día su misión: atender las necesidades de su pueblo

El Padre Yovane vino a Chile para contarnos la dura realidad que le toca enfrentar. “He vivido lo que significa ser perseguido”, dice el Padre, quien ha visto cómo en su comunidad se matan los unos a los otros e incluso los niños cargan fusiles. Además de la violencia, le toca enfrentar lo que es sobrevivir en un país de extrema pobreza: “Ellos viven entre la vida y la muerte, y eso lo puedo ver a diario”, comenta.

Frente a todas estas adversidades, él ha logrado construir una parroquia, un liceo y un hospital en Bema, su comunidad. Antes de que él llegara, no había nada de eso. Con su trabajo y el de todo el pueblo, incluyendo a los musulmanes, animistas y miembros de otras religiones, ha logrado llevar a cabo lo que en un principio parecía casi una misión imposible.

Actualmente él está muy preocupado por el futuro de los niños y jóvenes; es por eso que lleva años trabajando en la educación. “La gente tiene un deseo de estudiar enorme”. Cuenta que son los mismos estudiantes los que trabajan para poder costear sus estudios. En su liceo hay 300 jóvenes pero el nivel educativo es muy bajo, por lo que vio la necesidad de construir una escuela primaria para 400 alumnos. Gracias al trabajo de la comunidad y del apoyo de organismos internacionales han levantado una escuela con 6 salas de clases. Ahora necesita comprar todo lo necesario para ponerla en marcha, y vino a Chile para pedirle a sus compatriotas que lo ayuden a cumplir este gran sueño. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre se ha comprometido con los niños de Centroáfrica espera poder financiar, con la ayuda de personas generosas, la educación de los alumnos.