Profesor Luis Espinoza se “confiesa”  tras servir cuatro años en el diaconado católico

 

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Para desempeñarlo, debe contar con la autorización de la esposa y los hijos. El nombre es propuesto por la propia comunidad.

Como hombres probos, casados, que hayan demostrado compromiso con su Iglesia, definió el profesor Luis Alberto Espinoza Noriega, la vocación al  ministerio  del diaconado permanente, en especial, a la tarea de administración de la caridad.

El docente, perteneciente a la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, junto al diácono, Juan  Garay Aravena, realizan esta misión en la comuna junto al maestro, Patricio Benavente Silva y Roberto Poveda Espinoza, ambos de la Parroquia de Nuestra Señora de La Merced; como también , de Antonio Medrano Ramos y Rubén Montecinos Inostroza, de la Parroquia San Francisco de Asis, de Selva Oscura.

Recordando el gran apoyo que ha recibido de su esposa, Jacqueline Fuentes, como de sus dos hijos,  evoca a sus hermanos diáconos, hoy fallecidos, pero precursores  a ejemplo de los grandes evangelizadores, como San Felipe o el primer mártir, San esteban: Juan Jara, Nicasio Suazo o Román Gómez.

LA VOCACIÓN

Requerido por cuando siente la disposición de servir a la Iglesia Católica, desde el  diaconado certifica  que “bueno, el llamado sin duda, lo hace Dios pero en lo personal, desde los 12 años, que recuerdo haber llegado a esta parroquia, a través del Movimiento de Scouts “La Hermandad”, a la cual pertenecí, más de 40 años. Ahí, me fui acercando más a la Iglesia, a Dios; de hecho , mi primera comunión la hice en un campamento de Scouts. Trabajé como animador de Celebraciones de Niños; hice mi confirmación; jamás soné con ser diácono, y no tenía muy claro su rol; veía a algunas personas que estaban en el Altar junto al sacerdote, pero que la estola estaba cruzada, no a la usanza del sacerdote”, refiere.

Así se enteró de que , antes de llegar al ministerio sacerdotal, estaba el diaconado en tránsito pero no tenía claro que había un diaconado permanente, para hombres casados…”De hecho, es uno de los requisitos y tener un número importante de años, una familia consolidada porque, de hecho, la señora te tiene que autorizar, al igual que lo hijos”, todo lo cual lo informaba el párroco de la época, presbítero Carlos Aedo Méndez, quien recibió sugerencias de la comunidad de posibles candidatos, donde se consideraba el suyo.

Eso lo terminó de convencer”pero yo lo encuentro y lo sigo encontrando como algo muy grande, de lo cual yo no soy digno; mi indignidad, la reconozco a cada momento, a cada instante: En el camino al diaconado, muy pocos saben que uno participa de una etapa que se llama discernimiento”, explicando que no participó de la primera etapa, por dudas tener la capacidad para aquello, pero si tuvo una segunda oportunidad, que ahora desarrolla, en sus 25 años de matrimonio, explicando cómo se divulga, “en un  ministerio que hay que agradecer  Dios, porque hace bien a su Iglesia….”

Corresponsal: Manuel Burgos Lagos, periodista

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