Diócesis de Temuco

Sergio Torres, Presidente Comisión Justicia y Paz

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“El desafío es cómo nos integramos mejor en un contexto globalizado en pos del desarrollo de nuestros pueblos”

[dropcap]A[/dropcap] la espera de conocerse el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre la controversia limítrofe entre Perú y Chile, presentamos una entrevista al presidente de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Chile, Sergio Torres.

¿Cómo observa el clima que se vive en Chile en la antesala del fallo?

Como era previsible, percibo un clima de creciente expectación no sólo en los medios sino en las personas. Al sentimiento de seguridad que primaba hasta hace algunos meses hoy se ha ido pasando a uno marcado por la incertidumbre respecto del resultado y al dictamen de la Corte Internacional. En cualquier caso, pareciera ser mayoritaria la actitud de respetar los resultados, en independencia del costo que tenga para el país. A mi modo de ver, esto habla bien de la actitud y clima que se vive en nuestro país en relación a este tema.

¿Distingue, en este clima, sintonías o distancias entre la percepción que tienen las autoridades y elites dirigentes respecto de la opinión pública chilena?

Es deseable que la forma de analizar y referirse a este diferendo sea de cautela y prudencia entre nuestros dirigentes y es normal que el resto de la población tenga una forma de abordarlo más directa y cercana a nuestros sentimientos y expectativas. En todo caso, no veo distancias que lleven a quiebres o fracturas internas graves a nivel nacional. En el escenario de ser desfavorable el fallo para Chile, creará una corriente crítica en vistas a renovar nuestra mirada sobre la región, pero en ningún caso imagino a uno en pos de desconocer situaciones determinadas en el ámbito del derecho.

¿Qué valores promovidos por la enseñanza social de la Iglesia están en juego en esta situación bilateral?

Varios. Por de pronto, una relación entre los pueblos basada en el derecho y la vocación de entendimiento y no en el predominio de unos sobre otros; una relación de respeto a la identidad de cada pueblo y de colaboración en vistas a un auténtico desarrollo y no sólo centrada en aspectos comerciales y de “equilibrios” en el plano del poder militar. La Doctrina Social de la Iglesia tiene un rico acervo de sabiduría para mira la “comunidad internacional” y mucho que decir en la actual encrucijada de nuestros pueblos en Latinoamérica. El desafío que hoy tenemos es solucionar nuestras situaciones pendientes y ser capaces de enfrentar juntos la creciente globalización que viven nuestras sociedades.

¿De qué modo las personas y comunidades católicas pueden vivir un compromiso activo en adhesión a esos valores?

Los cristianos católicos somos ciudadanos; estos desafíos, y otros que vive el país, no pueden sernos ajenos y guardar distancia de ellos. Las “comunidades católicas” pueden ser muy efectivas en crear espacios de encuentro y entendimiento. El laico por su parte, tiene en el ámbito de su competencia mucho que aportar, ya sea en el mundo de la economía, la cultura, las relaciones diplomáticas, la cultura, etc. Hay aquí, como en tantas otras situaciones sociales, una invitación a despertar nuestra caridad efectiva en el plano social.

¿Cuáles han sido los nudos críticos que, en el desafío de la integración chileno-peruana, han observado los organismos católicos en su seminario de 2013?

En el plano de las relaciones entre Chile y Perú se ha crecido una enormidad, no obstante hay desafíos que es necesario hacer presente, especialmente en la fragilidad y ambigüedad de relaciones centradas sólo en el plano comercial y en las cúpulas políticas. Las relaciones se harán más sólidas y fuertes en la medida que estén arraigadas en la vida y participación de nuestros pueblos. En el ámbito nacional urge una mayor atención a la realidad de los inmigrantes.

Más allá de esta situación jurídica bilateral, ¿cuánto nos falta como sociedad chilena para superar prejuicios hacia nuestros hermanos y hermanas de Perú?

Los prejuicios lamentablemente aún están presentes. La convivencia y el respeto mutuo es el único camino para sanarlos. Tal vez este diferendo, en independencia de su resultado, sea una buena oportunidad para abrirnos a una nueva etapa en nuestra relación. Zanjados los temas del pasado, ahora lo que nos desafía es cómo nos integramos mejor en un contexto globalizado en pos del desarrollo de nuestros pueblos.