Terremoto de Ecuador: “Celebramos las exequias en la calle cada vez que se encuentra una nueva víctima”, P. Walter Coronel

One of the badly damaged churches

One of the badly damaged churches

El Padre Walter hace un llamado a la comunidad internacional pidiendo oraciones y ayuda para salir de esta situación desesperada. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, que ya ha llevado a cabo diversos proyectos en el país, está cerrando actualmente nuevos proyectos para socorrer de diferentes maneras a los hermanos en dificultad con ayuda de emergencia y reconstrucción.

Las calles huelen a descomposición y a quemado en la ciudad ecuatoriana de Portoviejo. La gente pide desesperadamente agua, comida y sábanas. Nadie duerme en sus casas, ni siquiera los que la tienen todavía en pie.“Tenemos miedo de que se vuelva a repetir”, explica entre lágrimas el Padre Walter Coronel, misionero Fidei Donumde la Arquidiócesis de Portoviejo, en una conversación con la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre.

Son las 11 de la mañana en San Gregorio de Portoviejo y hay 33 grados de temperatura. Así es el invierno en la capital de la provincia de Manabí donde pocos días antes del terremoto se vivió un intenso aluvión que duró más de 12 horas seguidas y que hizo que se evacuaran cientos de personas de sus hogares. Hasta aquí viajó el Padre Walter días antes del sismo. El misionero es originario de esta localidad aunque actualmente realiza su labor en la amazonia ecuatoriana.

“Faltaban dos minutos para que empezara la misa de las siete del sábado, el párroco Roberto Carlos Garviamime estaba presentando ante los más de 100 fieles que habían acudido a la iglesia de San José de Picoaza, cuando comenzó a moverse el suelo excesivamente fuerte, mucho, mucho. En seguida calló a pocos centímetros de mí un gran trozo de techo, desplomándose encima del Padre Roberto Carlos”. El miedo, la sangre y los gritos se adueñaron en pocos segundos de la parroquia. “Yo me abracé con dos personas que no sabía quiénes eran, sólo rezaba y le pedía a Dios que se acabara esto cuanto antes”. Según fuentes no oficiales, en la iglesia de San José de Picoazano se ha contabilizado ninguna víctima mortal, pero fueron muchas las personas que perdieron su vida dentro de los diferentes templos de la arquidiócesis y en la catedral de la Portoviejo.

Los 7.9 puntos de intensidad del terremoto, cuyo epicentro fue a 150 kilómetros de Portoviejo, hicieron que los edificios cayeran como si fueran hojas de papel. Ya no existen lugares donde se puede celebrar misa, -explica el sacerdote ecuatoriano- las pocas parroquias que no están completamente destruidas, están llenas de grietas y de muros con peligro de derrumbe. “Cada vez que se encuentra una nueva víctima celebramos las exequias en la calle, en las esquinas de las casas derruidas”.

Todavía es difícil contabilizar el número de víctimas mortales porque hay zonas rurales en las colinas que están completamente enterradas por las rocas y los árboles, donde nadie ha podido acceder. “No sabemos nada de la gente del campo, no ha llegado nadie hasta allí, no damos abasto”.

Según pasan los días descienden las probabilidades de encontrar personas vivas bajos los escombros. La gente comienza a darse cuenta ahora de lo que ha pasado en sus casas y la situación empeora a pasos agigantados, confirma el Padre Walter. “Los cuerpos se están descomponiendo, no hay servicio de agua y la electricidad se corta continuamente. Nuestro país no está preparado para esto”, cuenta desesperado.

Movimientos de solidaridad

La página web de la arquidiócesis de Portoviejo está sin actualizar desde antes del terremoto, pero parece providencial: la primera imagen que aparece es un cartel sobre el Año de la Acogida que se celebra este 2016 y que cuyo lema es “Acogida es alegrarse de recibir al hermano”. Y en este sentido el pueblo ecuatoriano se está volcando con sus compatriotas con lo poco que tienen, “la gente hace fuegos en la calle y cocina para todos aunque no les conozcan”.

El Padre Walter hace un llamado a la comunidad internacional pidiendo oraciones y ayuda para salir de esta situación desesperada. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, que ya ha llevado a cabo diversos proyectos en el país, está cerrando actualmente nuevos proyectos para socorrer de diferentes maneras a los hermanos en dificultad con ayuda de emergencia y reconstrucción.

Destruction inside one of the churches

Destruction inside one of the churches