Tierra Santa: Un sueño cristiano se hace realidad

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Fotografía de la familia de Rami y Ramia en su propia casa.

 

  • Ayuda a la Iglesia que Sufre apoya proyecto de construcción de viviendas para cristianos árabes en Jerusalén

 

Hemos tenido que esperar largo tiempo, pero por fin nuestro sueño se ha hecho realidad”, nos confía la joven pareja formada por Rami y Ramia, que desde hace poco vive con sus tres hijos en su propia casa. Esto no es algo natural en Jerusalén. El proyecto de construcción de viviendas impulsado por el Patriarcado latino de Jerusalén y concluido este año en el sur de la ciudad santa es algo especial, pues ofrece un nuevo hogar a 72 familias cristianas de todas las confesiones. “Para los cristianos árabes no es fácil adquirir una propiedad en Jerusalén, pues están atrapados entre todos los frentes”, dice Rami.

El proyecto de construcción de viviendas fue idea del Obispo Auxiliar del Patriarcado latino, Mons. William Shomalis, en 2003, cuando el éxodo cristiano en Tierra Santa era muy numeroso. “Queríamos hacer algo contra la emigración cristiana de Jerusalén”, dice el Obispo responsable de Jerusalén. “Muchos dudaban de que este proyecto fuera realizable, pero con la ayuda de Dios lo hemos conseguido”. También la fundación católica internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre ha apoyado el proyecto.

Un colaborador del Patriarcado latino explica los criterios por los que fueron escogidas las familias, pues había más solicitantes que viviendas. “Al principio obtuvimos casi 500 solicitudes, lo cual demuestra lo grande que es la demanda entre cristianos que buscan una vivienda asequible. Por desgracia, no pudimos aceptarlas todas. Nosotros queríamos ayudar a familias cristianas de clase media, residentes en Jerusalén y preferiblemente jóvenes, que carecieran de propiedades en la ciudad y que participaran de alguna manera en la vida de Iglesia”. Los elegidos son profesores de escuelas cristianas o trabajadores de hospitales cristianos o, como en el caso de Rami, colaboradores de organizaciones de derechos humanos. “Tendremos que realizar un esfuerzo para pagar la hipoteca de la vivienda. Por desgracia, el coste casi se ha duplicado en los últimos años debido a gastos imprevistos, y en Jerusalén, la vida es cara. Por tanto, tenemos que recortar gastos”.

Su mujer, Ramia, que es profesora en una escuela cristiana, añade: “En los últimos ocho años hemos vivido en casa de mis suegros para ahorrar dinero. No siempre ha sido fácil, pero ha valido la pena”. La familia se siente a gusto. “Esto es como una isla cristiana”, explica Ramia, “todos nos ayudamos mutuamente y nos reunimos para hacer asados y para las fiestas. El ambiente aquí es realmente bueno. Aquí es posible vivir bien como cristiano y también tenemos cerca una iglesia católica a la que vamos los domingos”. Y concluye: “Jerusalén es nuestra ciudad santa. ¿Por qué íbamos a irnos?”.