Una Iglesia en salida, discípula misionera del Dios que se hizo Carne

Desde el día de su elección, el papa Francisco nos ha llevado de sorpresa en sorpresa. Sus gestos elocuentes. Sus expresiones cargadas de significado, a modo de máximas fáciles de recordar, con la inmediatez y concisión que exigen las redes sociales. Algunos de sus críticos preguntaban si habría algo más allá de aquellas frases ocurrentes, pronunciadas como por casualidad. Hoy sabemos que aquellos textos formaban parte de un proyecto más amplio. Francisco los ofrecía como anticipo de la propuesta pastoral que estaba elaborando, como el agricultor da a probar al visitante las primicias de su labor. Llegado el tiempo de la cosecha, disponemos ya del fruto en su sazón: la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, que como todo documento magisterial, tiene el peligro de quedarse en el olvido.

Por la importancia del documento, pues nos proporciona un marco de referencia, en el que las palabras y los gestos del papa Francisco adquieren nuevo sentido y un alcance aún mayor, es que hago una breve reflexión a la luz del misterio de la Encarnación.  En el texto se desgranan los acentos que Francisco desea que impregne cada actividad de la Iglesia. Su escrito «programático» (25), como lo califica. Pero hay que reconocer que es un programa singular.

Creemos que la «salida» define muy bien este estilo. El Papa tuvo una activa participación en la quinta conferencia del CELAM, celebrada en el santuario brasileño de Aparecida. Varios obispos brasileños manifestaron allí su preocupación por el gran número de cristianos que se alejan de la Iglesia. De ahí que el documento conclusivo de la Asamblea insista en que es necesario «salir en búsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas».

El paradigma eclesial y misionero de la «salida» tiene una fuerte raíz antropológica, pero también divina: el ser humano se realiza en la donación, en la salida de sí mismo para ir al encuentro de los demás.  Desde allí, conocemos a Dios que sale a nuestro encuentro como un amigo, para entablar una relación de amor y de misericordia.

Las salidas del hombre y de la Iglesia se encuentran profundamente conectadas con el misterio del Dios único que sale al encuentro de la humanidad. Interesante será darnos cuenta que, la Navidad nos lleva al encuentro del Hijo de Dios que “saliendo” del seno del Padre, viene para compartir su grata y sana experiencia de Dios.  Desde esa “salida encuentro” como nos dice la Escritura, conocemos al Dios-con-nosotros, que hace suyo nuestros anhelos de justicia, de paz, verdad y amor.   Su Encarnación y Nacimiento, rompe el silencio que generan las injusticias, producto de los egoísmos, desencuentros y tantos otros sufrimientos que infringimos a otros, muchas veces por lo avaro del corazón del hombre.

Es por ello que se hace necesario ponernos en “camino”, como nos pide el Papa y como nos enseña el Señor Jesús, para salir a escuchar los gritos de los que hoy sufren y así hacer de nuestras “salidas”, lugares de consuelo y de esperanza.

Feliz “salida y encuentro del Emmanuel”, que nazca en nuestros corazones y proyectos pastorales y nos haga una Iglesia sencilla y solidaria, con los que sufren.

 

Pbro. Rogelio Henríquez Sepúlveda

Vicario de Pastoral