Diócesis de Temuco

Monseñor Héctor Vargas “Él quiso quedarse en la sencillez y en la humildad de un pequeño trozo de pan y de una copa de vino”.

“El Espíritu Santo que es el que conduce la Iglesia, es el Espíritu del Resucitado, que nos visitó en Pentecostés y a partir de ese momento, a lo largo de los siglos, él la conduce, él la rejuvenece, él la purifica”.

 Con la bendición de la Custodia que peregrinará por toda la Diócesis, -como parte del Congreso Eucarístico-, se vivió la Solemnidad del Corpus Christi, jornada que se inició al atardecer del sábado 2 con la procesión con el Santísimo Sacramento que recorrió céntricas calles de la capital regional de La Araucanía, hasta el Templo Catedral, donde monseñor Héctor Vargas Bastidas, obispo de la Diócesis San José de Temuco, en su homilía señaló que: “ Esta celebración es un signo de comunión en este Año Eucarístico en que todos nosotros nos estamos preparando para vivir en forma cada vez más intensa la presencia del Señor en medio de nosotros. El Santo Padre nos ha recordado en las 2 últimas cartas que nos ha enviado, como Iglesia Chilena, que es fundamental, que es esencial volver a poner en el centro de toda nuestra vida personal, eclesial y social, la persona de Jesucristo, el Señor. No debe haber otra cosa en el centro de nuestra vida personal, familiar, eclesial, que la persona de Jesucristo, el Señor, el Mesías, el Salvador”.

Agregó “Porque todas aquellas veces que nosotros ponemos en el centro de nuestra vida, cosas que pueden ser muy importantes, muy valiosas, algunas incluso muy necesarias, sin embargo, ninguna de ellas puede reemplazar el significado, la gracia, de la presencia del Señor. Porque todo aquello que nosotros ponemos en nuestro corazón y en el centro de nuestra vida que no sea el Señor, entonces, nada de eso es adorable, sólo el Señor es adorable y cuando empezamos a poner en el centro de nuestros corazones y también de nuestra vida eclesial, otras cosas y que no son adorables como el Señor y las empezamos a adorar como tal, entonces nos vemos rodeados y nos vemos esclavizados de tanta idolatría”.

“Ya sabemos que adorar lo que no es divino, evidentemente entonces comenzamos a adorar aquello que sólo es fruto de nuestras pasiones humanas, de nuestros intereses personales, egoístas, de lo que es fruto de la envidia, la codicia, las injusticias, en fin, tantas otras cosas y entonces, si el Señor con su Cuerpo y con su Sangre presente en nuestras vidas que debería serlo, no lo está, entonces lo que terminamos poniendo en el centro de nuestra vida, como dice el Papa, es el pecado, es el mal, es el espíritu del mal y todos nosotros tenemos la experiencia queridos hermanos y hermanas, que cuando el Señor, en la vida, en la cultura, en la ciencia, en la sociedad, en la economía, en la política, etc., realmente los grandes valores del Evangelio que encarnan al Señor, no están en el centro, evidentemente no podemos esperar una nueva humanidad, no podemos esperar una nueva sociedad, un nuevo hombre, una nueva mujer, una nueva familia y también una nueva Iglesia, que efectivamente pueda ayudar y pueda colaborar de una manera así tan importante y significativa a renovar la humanidad entera, a salvar la humanidad, entonces esta fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor, es una fiesta tan tradicional en la Iglesia y tan hermosa y que al mismo tiempo, nos recuerda que hablar del Cuerpo y de la Sangre del Señor, es hablar de la persona completa, íntegra de Jesucristo”, señaló monseñor Héctor Vargas.

Nos recordó que el Señor se encuentra en la vida de las personas, al interior de cada ser humano que está llamado a ser el auténtico Sagrario, donde el Señor habita, “Donde quiso hacerlo desde el momento de su Encarnación, que es el gran Misterio de la Navidad. El Señor en el momento que decidió despojarse de su divinidad para asumir nuestra humilde condición humana, nuestra humilde y frágil condición humana, nos permitió a nosotros entonces, también formar parte y compartir lo que es su Cuerpo y lo que es su Sangre (…) Hoy día, cuál es el verdadero Corpus Christi, el Cuerpo del Señor, el Cuerpo y la Sangre del Señor se encuentra en el Cuerpo y en la Sangre de aquellos hermanos, que de manera particular, sufren, que lo pasan mal, que tienen dificultades, que están tendidos al borde del camino, que buscan perdón, que buscan misericordia, que buscan una esperanza en la vida, que buscan ser tratados con dignidad. Es allí, en donde se encuentra el Corpus Christi, por eso como bien nos recordaba el Padre Hurtado, como bien nos ha acordado también, Aparecida, en dónde vemos el rostro de Jesucristo, ahí lo vemos, en los pobres, en los abandonados, en los que sufren, en los encarcelados, en los enfermos, en los sin ropa, en los migrantes, en el mundo indígena, en fin, ahí lo vemos, de manera muy particular, entonces por eso que el Papa insiste en que la Iglesia tiene que ser una Iglesia en salida”.

Nos alentó a que: “ En la medida que la Iglesia no sea una Iglesia en salida, que va al encuentro de tantos y de miles corpus christis, nos están esperando, en donde el Señor nos está esperando para amarlo, para servirlo, para acogerlo, para escucharlo, en esa medida, la Iglesia se renueva, se llena de carismas, se llena de motivaciones, de mística, de pasión, de entusiasmo, en la medida que no lo haga, la Iglesia entonces, se empieza a morir dentro de sí misma, debido al encierro, debido al individualismo, al egoísmo que puede entrar, a la indiferencia, entonces, este Congreso Eucarístico nos quiere invitar de manera especial a renovarnos profundamente en torno a la persona del Señor y su misterio de Salvación (…) Nos quiere recordar que para poder vivir así, que para poder servir así, que para poder amar así, tenemos que alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre. De su Cuerpo, de su Sangre, de su Palabra, los grandes alimentos que dan vida a la Iglesia y que nos dan vida a nosotros. Alimentados con el Cuerpo y la Sangre del Señor, nos transformamos en otros cristos y en esa condición abrimos las puertas y salimos a los ambientes de todos los días con una fuerza y con una energía, reconciliados, purificados, animados, para efectivamente, servir al Señor, en donde El nos quiere ver sirviendo.

“Entonces, la Iglesia entera se renueva, el Espíritu la renueva y esta tarea queridos hermanos y hermanas, es una tarea que nos corresponde a todos nosotros. Como bien sabemos, vivimos un momento de crisis muy importante, muy grave también, que se remece, pareciera que se remeciera en todo, pero esto es obra del Señor y es obra de su Espíritu. El Espíritu Santo que es el que conduce la Iglesia, es el Espíritu del Resucitado, que nos visitó en Pentecostés y a partir de ese momento, a lo largo de los siglos, él la conduce, él la rejuvenece, él la purifica, él la remece cuando es necesario, él la convierte, él la transforma, él la renueva, para que ella pueda seguir cumpliendo su misión. Misión, de la cual todos somos responsables”, manifestó en su homilía ante más de 400 personas.

Puntualizó que “El Papa en una de estas cartas, nos decía, a todos nosotros que formamos el Pueblo Santo de Dios, pero de manera particular su última carta está dirigida a ustedes, decía, que la renovación de la Iglesia, la transformación de la Iglesia, es una misión compartida. Nosotros los pastores, solos no podemos y tampoco en nuestra misión y nuestra tarea hacernos cargo de todo, cada uno tiene su rol, su función, su ministerio, su servicio dentro de la Iglesia. Los laicos tienen una cantidad muy grande de servicios y de ministerios; los clérigos también tenemos los nuestros, pero tenemos que ser uno sólo, como Pueblo de Dios, que es uno sólo, tenemos que hacernos cargo de la vida, de la misión de nuestra Iglesia”.

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HOMILIA CORPUS CHRISTI 2018