Monseñor Héctor Vargas ” En Jesús, nace una nueva humanidad”

María “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales”( Lc 2, 7). Con esta expresión simple pero clara, Lucas nos lleva al corazón de esa noche santa: María dio luz a la luz , María nos dio la Luz . Una historia simple para sumergirnos en el evento que cambia nuestra historia para siempre. No obstante que antes, al llegar a Belén, experimentaron que nadie los esperaba, que para ellos no hubo lugar en ninguna casa, y su hijo debió nacer en un establo.”Vino entre los suyos, y los suyos no lo recibieron” ( Jn 1,11).Y allí en la oscuridad de una ciudad que no tiene espacio para a las urgencias de otros, y que en este caso parece querer construir dándole la espalda a los demás, es precisamente aquí donde se enciende la chispa revolucionaria de la ternura de Dios. Paradojalmente, en ese contexto de pobreza, soledad, angustia, rechazo en tierra extraña, nació igualmente la gran esperanza para la humanidad.

Esa noche, el que no tenía un lugar para nacer fue anunciado a los que no tenían lugar en las mesas y en las calles de la ciudad: Los pastores.  Son los primeros destinatarios de esta Buena Nueva. Por su trabajo, eran hombres y mujeres que tenían que vivir al margen de la sociedad. Sus condiciones de vida, los lugares donde fueron obligados a quedarse, les impidieron cumplir todas las prescripciones rituales de purificación religiosa y, por lo tanto, se consideraron impuros. Su piel, su ropa, su olor, su forma de hablar, sus orígenes los traicionaron. Todo en ellos genera desconfianza. Hombres y mujeres de los cuales era necesario alejarse, tener miedo; eran considerados paganos entre los creyentes, pecadores entre los justos, extranjeros entre los ciudadanos. Para ellos, paganos, pecadores y extranjeros, el ángel dice: “No tengan miedo: les anuncio una gran alegría, os ha nacido un Salvador”. Lc 2 : 10-11).Aquí está el gozo que en esta noche estamos invitados a compartir, a celebrar y anunciar. La alegría con que Dios, en su infinita misericordia, nos ha abrazado a paganos, pecadores, pobres, excluidos y extraños, y nos insta a hacer lo mismo. A reconocer a Dios presente en todas las situaciones humanas en las que creemos que está ausente

Y esta misma fe nos empuja a dar espacio a una nueva imaginación social, a no tener miedo de experimentar con nuevas formas de relaciones en las que nadie debería sentir que en esta sociedad no hay lugar para su desarrollo integral, respeto por su vida, condición, cultura y dignidad.Tocados por la alegría del regalo, pequeño Niño de Belén, te pedimos que tu llanto nos despierte de nuestra indiferencia, abre nuestros ojos a los que sufren. Su ternura despierta nuestra sensibilidad y nos hace sentir invitados a reconocerlo en todos aquellos que vienen a nuestras ciudades, nuestras historias, nuestras vidas. Que Jesús nazca en nuestra probada Araucanía, en cada corazón y en cada hogar, convirtiéndolos a su amor, justicia y verdad.