Columna de Opinión: ¿Podemos aprender de la Machi para mejorar la Medicina Moderna?

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En la medicina moderna los signos y síntomas de las enfermedades deben ser considerados,  por los progresos de la fisiopatología, como reacciones  fisiológicas frente a la agresión etiológica; un ejemplo muy conocido es el resfrío o la gripe. En ese caso la fiebre que estimula la inmunidad, la congestión, las secreciones y la tos, representan la reacción del organismo ante la infección viral y cuyo despliegue es causa de la muerte del virus. Los síntomas pueden ser molestos, pero ellos tienen un fin antiviral y,  además, preventivo de la complicación bacteriana.

Desgraciadamente tanto por la valoración negativa del dolor, aunque sea una mínima dolencia, como por la hiper-valoración del trabajo que condena el reposo médico por resfrío o gripe, la  conducta normal, hoy en día,  es tomar antigripal. Enfermarse es malo, duele e impide trabajar y por ende hay que apagar los síntomas defensivos, ¿resultado? después de los antigripales auto-medicados o indicados por un facultativos vendrán los antibióticos y antitusígenos y largos periodos de tos y flemas.

En cambio, para la medicina tradicional mapuche, lo malo no es la enfermedad, sino la causa que la produce. Ella considera, implícitamente, a la enfermedad no como un mal, sino como reacción frente al mal.  Y el mal que la machi ve, no es otra cosa que las malas relaciones interpersonales, abusar o dejarse abusar, la falta de reciprocidad que produce estrés  crónico; el cual baja la inmunidad permitiendo, en el caso de la gripe, la entrada del virus.

La terapia mapuche, por su carácter etiológico, no ejerce acción anti-sintomática, sino más bien, junto con definir el mal interpersonal, apoya con todo su arsenal biológico, social y sobrenatural, las fuerzas sanadoras respetando los síntomas, convocando al apoyo social y solicitando la protección divina. Finalmente, da normas de conducta que resuelvan, al menor costo social, la trasgresión-conflicto que provocó maltrato y estrés sub-agudo o crónico. Al hacerlo, restablece los circuitos de la reciprocidad,  dando paso a una comunidad más unida y más sana.

Transgredir las normas de nuestro bien, nos hace vulnerables al mal, las epidemias modernas dan cuenta de ello. La enfermedad no es el mal, sino la lucha contra el; debemos ayudarla a vencer pues el dolor redime y sana, permitiendo alcanzar salud y larga vida. Nuestra machi puede enseñarnos.

Escribe: Miguel Angel Solar, Médico Cirujano