El Papa a los Obispos: Tengan el Valor de ir Contracorriente

 

 

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El Santo Padre llegó unos 15 minutos antes de la Misa a la Catedral, donde fue recibido por diversos representantes de la Iglesia local.

La Santa Misa, sin embargo, comenzó con algunos minutos de retraso debido a las numerosas personas que el Papa saludó.

Además del Papa, en la Misa concelebraron los Cardenales Tarcisio Bertone, Secretario de Estado Vaticano, y Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida y presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos brasileños (CNBB), su vicepresidente, Mons. José Belisário da Silva, y Mons. Orani João Tempesta, arzobispo de Rio de Janeiro.

La Catedral Metropolitana de San Sebastián Río de Janeiro, que estaba llena, tiene capacidad para 5.000 personas sentadas.

Al inicio de la celebración, el arzobispo de Rio, Mons. Orani dirigió unas breves palabras, agradeciendo al Papa por su “atención y afecto” por el clero carioca y brasiliano. Mons. Oraní recordó los impresionantes números de clérigos y religiosos inscritos a la JMJ (655 obispos, más de 7.800 sacerdotes, 700 diáconos, 9.000 religiosas y 7.000 seminaristas), a los que habría que añadir el gran número de clérigos no inscritos.

Recordando la participación del entonces Cardenal Bergoglio en la V Congregación General de los Obispos Latinoamericanos y del Caribe , el arzobispo de Rio hizo mención su papel de coordinador en la redacción del Documento de Aparecida (2007). De ese documento “brotó un nuevo entusiasmo en nuestras comunidades” y con ese mismo espíritu, añadió, los obispos y el clero congregado en la Catedral se unían en esta celebración para oír “como discípulos” al sucesor de Pedro.

Finalmente, Mons. Orani manifestó que la celebración de esta Misa fuera una ocasión de “renovación para todos”, confirmando los propósitos de consagración de los sacerdotes y animándoles a una mayor acción pastoral de los que se encuentran en las periferias, además de “despertar en los jóvenes el deseo de decir sí a Jesús”.

Al acabar su intervención, el Papa regaló un cáliz a Mons. Orani.

El Papa recordó el deseo de “ser instrumentos” de Cristo para anunciar el Evangelio a los jóvenes, de modo que ellos “encuentren a Cristo” y “se conviertan en constructores de un mundo más fraterno”.

El Papa, que dijo unas primeras palabras en portugués, pronunció el resto de su homilía en español. La homilía del Papa se estructuró en torno a tres aspectos de la vocación cristiana y, específicamente, de los obispos, sacerdotes y religiosos. Concretamente, el saberse “llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio” y “llamados a promover la cultura del encuentro”. En su desarrollo, el Papa usó diversos giros castizos propios de la lengua argentina al hablar.

Sobre el primer aspecto, el Papa invitó a “pedir a la Virgen el ser ‘memoriosos’ de esa llamada”, pues el vivir conscientes de esa unidad con Cristo “marca todo lo que somos y lo que hacemos” y “garantiza nuestra eficacia apostólica y la fecundidad de nuestro servicio”. De hecho, añadió, “no es la creatividad pastoral, no son los encuentros o las planificaciones los que aseguran los frutos, sino el ser fieles a Jesús”. Esa fidelidad a Cristo, dijo el Papa, implica un encuentro con Él en la “vida de oración”, en la Eucaristía y en la atención “a las personas más necesitadas”. A este propósito, el Santo Padre citó unas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta, en la que afirmaba que “debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres”.

Redescubrir la alegría de la fe

Al hablar del llamado a “anunciar el Evangelio”, el Papa invitó a los presentes a ayudar “a los jóvenes a darse cuenta de que ser discípulos misioneros es una consecuencia de ser bautizados, es parte esencial del ser cristiano, y que el primer lugar donde se ha de evangelizar es la propia casa, el ambiente de estudio o de trabajo, la familia y los amigos”.

El Papa, abandonando por un momento el texto preparado, invitó a los sacerdotes a tener “la paciencia de escuchar” los problemas y logros de los jóvenes, especialmente en la confesión, la dirección espiritual y el acompañamiento. “No escatimemos esfuerzos en la formación de los jóvenes” y ayudémosles “a redescubrir el valor y la alegría de la fe“. Esa educación debe ser un modo de que se sientan misioneros, salgan de sus casas, sean “callejeros de la fe”: “no podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio”, dijo, y añadió con énfasis: “Empujemos a los jóvenes para que salgan! Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia”.

Finalmente, en el tercer punto de su intervención, es decir, la llamada a promover una “cultura del encuentro”, el Santo Padre denunció la actual “cultura de la exclusión y ‘del descarte”, en el que no hay tiempo para los demás y las relaciones humanas parecen dominadas por los dogmas de la eficiencia y el pragmatismo.

Francisco fue muy claro en su invitación a los eclesiásticos, a los religiosos y a los seminaristas para tener “el valor de ir contracorriente”, siendo “servidores de la comunión y de la cultura del encuentro”. El Papa acabó dirigiéndose a la Virgen para que enseñara a sus hijos “a salir al encuentro de los hermanos y de los que están en la periferia” para finalizar añadiendo: “Que no nos eche de casa, pero que nos empuje a salir de Casa”.

La Santa Misa celebrada fue la de la Evangelización de los Pueblos y los cantos fueron interpretados por la Schola Cantorum del Seminario Diocesano de San José y del Coro Juvenil Arquidiocesano, acompañados de una orquesta sinfónica compuesta por jóvenes provenientes de la periferia de Río de Janeiro.

Después de la Santa Misa, el Papa recorrió la catedral y durante casi 30 minutos, entre vítores y aplausos, saludó a numerosos de los presentes, incluido un religioso en silla de ruedas. Particularmente simpáticos fueron los diversos cambios de solideos blancos que el Papa hizo con varias personas, así como el observar a muchos seminaristas y religiosas tomando fotos con los teléfonos móviles.

Al salir, bajo la lluvia, una banda de música oficial, hasta que el Papa se subió al Papamóvil para dirigirse por las calles de la ciudad al Teatro Municipal, donde tendrá un encuentro con los líderes del país.