Obispo de Temuco celebró Miércoles de Ceniza en Templo Catedral

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Durante esta semana celebraremos Miércoles de Ceniza, iniciando así el ciclo litúrgico de la Cuaresma, tiempo de conversión y penitencia. La liturgia de este día es una invitación a mirar la fragilidad de nuestra condición humana, que bajo el signo de la Imposición de Cenizas nos recuerda nuestro origen y nuestra meta, que sólo en la presencia de Dios tiene un auténtico sentido. Acompaña a este signo las conocidas expresiones: “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, o “conviértete y cree en el Evangelio”, haciendo de la ceniza impuesta en la frente de pequeños y grandes, que todos compartamos un signo bíblico, con el cual se mostraba el arrepentimiento y la voluntad de cambio, que debe ser una actitud de quien se siente amado y necesitado de Dios. Además, el Miércoles de Ceniza es un día de ayuno y abstinencia, al igual que el Viernes Santo.

La Cuaresma, por su parte, tiene tres signos distintivos o tres caminos de desarrollo espiritual, muy claros y necesarios: la Oración, la Penitencia y la Solidaridad. Cada uno de estos elementos tiene un valor en sí mismo, pero el complemento de los tres puede regalarnos importantes frutos espirituales de Santidad. De hecho, en este tiempo podríamos incrementar nuestro tiempo de oración; traducido en más espacios para la lectura de la Palabra, para el rezo del Rosario, para confesarnos, que junto a la participación eucarística se transforma en una fortaleza interior de vida creyente.

Por otro lado la Penitencia, que no goza hoy de buena fama, es una herramienta para madurar en nuestra voluntad, que muchas veces se ve doblegada por la tentación del placer, pero que nos permite ordenar nuestros deseos de lo vano, de lo no esencial, para abrirnos al camino de la auténtica libertad y de la búsqueda del bien mayor; que siempre será la Palabra que sale de la boca de Dios y no sólo el pan.

La Solidaridad, que es el correlato indiscutible en el ejercicio de la Oración y de la Penitencia, porque hacen de nuestra vivencia de la fe, una experiencia realmente cristiana, al recordar nuestro irrenunciable compromiso con los demás, con nuestro prójimo. Sin una caridad viva y operante, que en el lenguaje moderno es el valor de la Solidaridad, nuestra fe estaría muerta. La Cuaresma que evoca los 40 días que Jesús pasó en el desierto, donde fue tentado por el demonio, es una ocasión de encuentro con Dios, que en el desierto de nuestras vidas sigue comunicándonos su amor e invitándonos al cambio de vida; con signos muy claros y eficaces.

Por eso, quisiera invitarles a vivir este Miércoles de Ceniza con sencillez y humildad de corazón, para que se acreciente en nosotros el deseo de conversión, que nos pondrá en contacto con Dios y con nosotros mismos, como lo vivió Jesús en el desierto.

Es cierto, que comenzar la Cuaresma después de un tiempo de vacaciones es un desafío, pero bien profundizado puede llevarnos a vivir el espíritu de la Semana Santa, como un camino de preparación.