Obispo de Temuco expresó que el trabajo es un bien del ser humano

 

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La Fiesta de San José Obrero, del 1 de mayo, fue presidida por Monseñor Héctor Vargas Bastidas, en la parroquia Jesús Obrero en el sector de Pueblo Nuevo de la ciudad de Temuco. 

A la ceremonia, que se realizó a partir de las diez de la mañana, asistieron Autoridades, Dirigentes Sindicales, Representantes del mundo laboral, gremial y empresarial, además de animadores de los distintos ámbitos de la Vicaría de la Pastoral Social.

En su homilía, el obispo de la Diócesis San José de Temuco, expresó su sentir en esta festividad: “Me siento agradecido de hallarme entre ustedes, mujeres y hombres que laboran en nuestra ciudad, cuya vida y crecimiento depende en buena parte de su acción laboriosa y tenaz…En este día, mi palabra quiere llegar a todos los trabajadores y trabajadoras de esta Región, en la diversidad de profesiones y oficios, que se esfuerzan por construir una ciudad más humana, más acogedora para las personas y las familias, en la que se vaya afianzando la esperanza de un mañana mejor”.

Se refirió sobre algunos problemas que definen con mayor aproximación la dignidad del trabajo humano, ya que permiten distinguir más plenamente su específico valor moral. “Hay que hacer esto, teniendo siempre presente la vocación bíblica a dominar la tierra, en la que se ha expresado la voluntad del Creador, para que el trabajo ofreciera al hombre la posibilidad de alcanzar el dominio que le es propio en el mundo…Cuando el hombre, después de haber roto la alianza original con Dios, oyó las palabras: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan», comprendió, la fatiga a veces pesada, que desde entonces acompaña al trabajo humano”.

Al respecto señaló que: “Esta fatiga es un hecho universalmente conocido, porque es universalmente experimentado. Esto lo saben todas las personas de trabajo en sus múltiples oficios y profesiones, obreros y artistas, empresarios y pequeños emprendedores, servidores públicos y voluntariados, religiosas y sacerdotes, y lo saben las mujeres dueñas de casa, que a veces sin un adecuado reconocimiento por parte de la sociedad y de sus mismos familiares, soportan cada día con invaluable amor, la fatiga y la responsabilidad del hogar y de la educación de los hijos.”

Ahondó que si bien el trabajo es una vocación universal, no obstante, con toda esta fatiga el trabajo es un bien del ser humano.

Precisó que mediante el trabajo el ser humano no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo.

Pero, a su vez, puso en alerta la desigualdad y opresión, diciendo:”Sin embargo, lamentablemente, es posible usar de diversos modos el trabajo contra el hombre y la mujer, que se puede hacer del trabajo un medio de opresión del hombre, que, en fin, se puede explotar de diversos modos el trabajo humano, es decir, a la persona de trabajo”.

“Todo esto da testimonio en favor de la obligación moral de unir la laboriosidad como virtud con el orden social del trabajo, que permitirá a la persona hacerse más persona en el trabajo, y no degradarse a causa del trabajo, perjudicando no sólo sus fuerzas físicas, sino, sobre todo, menoscabando su propia dignidad y subjetividad…En este sentido, habrá entonces entre nosotros quienes encuentran en su trabajo diario grandes satisfacciones, con oportunidades para crecer y desarrollarse como personas, con la alegría de sentir que a través de su fuente laboral pueden servir a los demás y colaborar en la construcción de una sociedad mejor”.

Lejos del Hogar 

Prosiguió y se focalizó en un tema muy coyuntural que por años ha estado en tela de juicio, son la situación de los migrantes, señalando que “Cómo no llamar la atención sobre el creciente número de inmigrantes, que en contra de su voluntad y con enorme dolor, deben abandonar su patria arrancando de la miseria, la violencia, el crimen organizado o la persecución. Y llegan hasta nosotros buscando una vida nueva. Sin embargo, no pocos, junto a actitudes racistas y discriminatorias de algunos de nosotros, y en razón de su situación ilegal, deben asumir trabajos que están lejos de cumplir las exigencias mínimas de las leyes laborales chilenas. Otros, presionados por la supervivencia, terminan siendo explotados abusivamente por un comercio sexual miserable y profundamente degradante”, formulando que esta búsqueda de ganancias y lucrar a costa de las enormes necesidades y dignidad de los más pobres, es uno de los pecados que clama justicia al cielo.

Cuestionó además la situación de tantos padres y madres de familia que ahora deben trabajar también los días domingos y feriados: “Será posible que días considerados sagrados para la celebración de la propia fe y para el compartir y disfrutar en familia, se hayan venido convirtiendo en días auténticamente laborales”, todo esta crítica acrecentada con las consecuencias en el núcleo familiar.

Concluyó señalando de que:  “Es hora de recordar el trabajo humano como clave esencial de toda la cuestión social, ya que una solución gradual de la misma requiere de manera insoslayable una mayor humanización del trabajo y de la vida del trabajador…En el plan de Dios el trabajo constituye una dimensión fundamental de la persona. En efecto, por medio del trabajo el hombre participa con la obra del Creador a la vez que crece en su propio ser, se perfecciona y se realiza, sometiendo la materia a su servicio. El hombre es, pues, responsable de todos los bienes que Dios le ha confiado desde el principio.  El Creador se ha complacido en dotar próvidamente esta tierra nuestra de inmensos recursos. A nosotros nos incumbe, por tanto, la responsabilidad de hacer que fructifiquen y que sirvan para el bienestar de todos.

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