Saludo de despedida de Mons. Manuel Camilo Vial

Ok Mons. Vial.

Muy queridos hermanas y hermanos:

Durante este periodo junto a ustedes, he podido apreciar de cerca la vida e historia de esta región: pluricultural, amplia, desafiante por sus pobrezas, pero rica en su gente, tradiciones y cultura. Para mí, ha sido una bendición conocer más de cerca al pueblo Mapuche con quien comparto muchos valores que son expresión y semilla de Dios que debe germinar con mayor intensidad en la región. Pero, también he dicho, en muchas ocasiones, que nuestra región -al igual que Chile-, tiene vocación de entendimiento y que el diálogo es el camino y no la violencia.

He conocido de cerca el entusiasmo de autoridades y el esfuerzo de dirigentes y trabajadores; de los hermanos de la fría y blanca cordillera que, elevada solemnemente, nos invita a mirar con los ojos de los hermanos pehuenches, al igual que con la mirada de los que habitan la costa, y en los valles, que en el centro dibujan pueblos y ciudades. La diócesis de Temuco ha sido para mí una pasión y un amor, de aquellos que escriben las crónicas ocultas del alma que ora incesantemente por todos, y para todos los que piden una plegaria y oración. En el corazón del pastor debe haber espacio para cada uno de sus habitantes, y eso no todos lo entienden. Sin embargo, es la misma convicción de Jesús Pastor, que compartió con publicanos y pecadores, con fariseos y prostitutas.

En mi homilía de despedida en Temuco he expresado que agradezco a mis cercanos colaboradores en esta tarea de pastor: sacerdotes, religiosas y religiosos, diáconos permanentes y sus familias, a los laicos comprometidos, catequistas y animadores, ministros, miembros de los movimientos, y diversos discípulos y misioneros, sin los cuales no hubiera sido posible la misión de esta Iglesia de san José, que es la misma Misión de la Iglesia Universal que hoy, bajo la conducción del Papa Francisco y, ayer, de Benedicto XVI y Juan Pablo II, me ha confirmado en la misión de Pastor para el Pueblo de Dios. Agradezco a las autoridades, con quienes he contemplado y compartido la preocupación por la vida de la región; agradezco a las diversas instituciones que me han brindado su acogida, cercanía y amistad. Agradezco a los hermanos de la Universidad Católica de Temuco, con quienes he asumido el desafío de  hacerla una universidad abierta a la región y a los que más necesitan; agradezco al personal del Obispado, sin los cuales no hubiera sido posible conducir esta querida  diócesis.

Agradezco todos los momentos vividos en Temuco, primero como sacerdote, y ahora -desde el 2001- como Obispo: las ordenaciones sacerdotales y diaconales, la Canonización de San Alberto Hurtado, la Beatificación de Ceferino Namuncura, la creación de nuevas parroquias, y la bendición de Templos y capillas; la Asamblea Post Sinodal del 2005, las Jornadas de planificación pastoral, las reuniones del presbiterio, con los diáconos y la vida religiosa, los encuentros y vacaciones con los seminaristas, las peregrinaciones a los santuarios diocesanos, las misiones y campamentos de verano, las reuniones en la Universidad Católica; son tantos momentos y personas, que faltaría tiempo para describir y enumerar cada momento, y a cada uno. Por todo esto,  estoy profundamente agradecido de Dios y de todos ustedes.

Al momento de mi alejamiento de esta diócesis y región de la Araucanía, les deseo muchas bendiciones del Señor y mi recuerdo y gratitud por este período de gracia entre ustedes.

Con fraternal afecto en Cristo Jesús,

 

+ P. Obispo Manuel Camilo Vial R.

Administrador Apostólico

Diócesis “San José” de Temuco

 

Temuco, 03 de julio de 2013.-