Diócesis de Temuco

Monseñor Héctor Vargas “El bien vence, sigue actuando en el silencio y en la discreción, dando frutos a largo plazo”.

 “La espiritualidad cristiana desde siempre nos enseña que no es posible conquistar la vida nueva que nos ha traído Jesucristo, sin esfuerzo, sin sacrificio, sin renuncias, sin la cruz que nos purifica, libera y salva. Así, desde hace medio siglo llegan a este Santuario, en donde la Mater les espera con la mesa servida, en donde su Hijo colmará sus grandes ansias con el alimento de su Palabra y su Eucaristía”.

Recientemente, se celebró la Santa Eucaristía por los 50 años del Santuario de Ayinrehue, jubileo  que presidió monseñor Héctor Vargas Bastidas, Obispo de la Diócesis San José de Temuco, quien señaló en su homilía “ La fe de María y  nuestra fe en su Hijo Jesús se unen en este Santuario. Es ella quién nos ayuda a renovar nuestra fe, para que responda a las exigencias de nuestro tiempo. María nos enseña a permanecer siempre a la escucha del Señor en el silencio de la oración, a acoger con disponibilidad generosa su Palabra con el profundo deseo de entregarnos nosotros mismos a  Dios, de entregarle nuestra vida concreta, para que su Verbo eterno, con la fuerza del Espíritu Santo, pueda encarnarse  también hoy en nuestra historia”.

Manifestó que este Santuario “Es un verdadero centro de oración, de motivación, de formación de los discípulos misioneros que requiere esta Iglesia de San José de Temuco. Todo ello impulsado  por uno de los fines del Movimiento, como es la coordinación de las fuerzas apostólicas de la Iglesia. Ya el Papa nos recordaba en su visita que estamos llamados a ser artesanos de unidad, en esta Región herida y fragmentada”.

“Ninguna comunidad ni institución podría responder satisfactoriamente en forma aislada a los desafíos que encuentra la Iglesia en nuestra época. Hoy, más que nunca, se requiere unidad a nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, en medio de esta cultura que, por una parte, posee muchos rasgos universales y unitarios, y por otra, divide y aísla a los hombres y a los países. Se trata de afrontar en común el desafío y la tarea emprendida por la Iglesia”.

“Aquí, como en todos los Santuarios Marianos, las generaciones jóvenes pueden aprender la esperanza, no como utopía, sino como confianza tenaz en la fuerza del bien. El bien vence y, aunque a veces puede parecer derrotado por el atropello y la astucia, en realidad sigue actuando en el silencio y en la discreción, dando frutos a largo plazo”.

Planteó que esta es la renovación social cristiana, basada en la transformación de las conciencias, en la formación moral, en la oración. “Sí, porque la oración da fuerza para creer y luchar por el bien, incluso cuando humanamente se siente la tentación del desaliento y de dar marcha atrás”.

“El camino que conduce hasta un Santuario no es un recorrido fácil. Suele estar lleno de vivencias y sentimientos profundos relacionados con la propia vida, en donde junto a la acción de gracias que brota espontánea, se mezclan heridas, dolores, angustias y noches negras de la existencia. Sin embargo, en ese camino, durante los siglos que lleva peregrinos a los Santuarios del mundo, el Señor se ha manifestado a ellos de muchas maneras. Entre llanuras y quebradas, entre desierto y río, entre el sol abrazador del día y la profunda oscuridad de la noche, no pocos hombres y mujeres, han experimentado la conmovedora presencia  y cercanía del Señor que se les ha hecho compañero de ruta”.

Al concluir sus palabras, llamó a que: “Todos nosotros, desde este Santuario debemos sentirnos llamados a salir al mundo como María, para testimoniar en medio de tantas orfandades y abandonados, el infinito amor misericordioso del Padre Dios”.

Testimonios

“Estamos muy felices de celebrar este Jubileo con la presencia de nuestro Obispo, Monseñor Héctor Vargas, agradecer la presencia de la Santísima Virgen María en este Santuario, por lo que significa realmente este lugar para toda la ciudad y todos quienes han pasado por aquí, que de una u otra manera han sido piedras vivas que nos han hecho crecer en la fe, a los que hemos seguido también ese camino. Realmente es un agradecimiento de Dios que está en medio nuestro”.

Padre José Agustín Santori, Asesor Rama de familia en Temuco

“Estoy muy feliz de poder compartir esta bendición, tuve la alegría de poder estar en la inauguración de este Santuario, un lugar de oración que queríamos que bendijera el Padre José Kentenich, pero falleció 2 meses antes.

Este lugar ha sido tremendamente fecundo para esta ciudad y la Virgen seguirá colmando de bendiciones”.

Padre Francisco García Huidobro

“Es muy importante el venir a celebrar estos 50 años del Santuario, volver a la historia siempre es bueno y poder compartir con tantas personas esta bendición de este Santuario”.

Hna. Fernanda González, Asesora Rama de familia de la comuna de Providencia, Santiago.

“Estoy contenta de estar aquí con la Virgencita, porque ella significa el amor a Dios”. Emilia Giñan (8 años)

“Estoy feliz de estar aquí celebrando los 50 años del Santuario de la Virgencita y ella es amor y alegría” Jendelin Estrada (8 años)

“Estoy a cargo de la Pastoral del Santuario y feliz de la celebración de la Consagración de este Santuario y muy alegres por la bendición que ha brindado a tantas personas que llegan”.

Padre Darío Balbontín, Schöensttat

 

Hace 50 años…

El Santuario de Ayinrehue es el número 45 de los Santuarios Filiales en el Mundo y el segundo en ser bendecido en Chile, después del Santuario de Bellavista en Santiago.

El Movimiento Apostólico de Schöenstatt, tiene presencia en la Diócesis desde el año 1936 con la llegada a Temuco de 6 Hermanas de María, provenientes de Alemania.

En 1947 el Padre Kentenich habla de lo hermoso que sería tener un Santuario en Temuco y en Santiago y desde entonces las hermanas comenzaron a anhelar fuertemente esta idea y desde ya construirla espiritualmente.

El 20 de Mayo de 1949 se bendice el Santuario Cenáculo de Bellavista.

En Temuco a partir del año 1963 comienza a funcionar oficialmente un grupo de Schöenstatt.

El año 1966 es el año en que se empieza la búsqueda del terreno para el Santuario.

El 13 de Julio de 1967 se encuentra un terreno que está ubicado frente a la principal Sede Universitaria de la ciudad.

El 11 de Agosto de 1967 se recibe la noticia de que el Padre acepta la compra del terreno. El Padre Kentenich no encuentra desventaja de su ubicación y se alegra d ela cercanía del mundo joven.

El 1 de Marzo de 1968 el Padre Horacio Rivas se pone en contacto con el arquitecto Mario Gutiérrez, quien construyó materialmente el Santuario.

Desde esa fecha se le nombró a Mario Hiriart, Protector de la construcción del Santuario; de hecho una imagen de Mario quedó enterrada junto a una del Padre debajo del Altar.

El Padre Kentenich comprometió su venida a su bendición. Esta promesa no pudo ser cumplida porque fallece el 15 de Septiembre y la bendición era el 16 de Noviembre, fecha elegida por creerse que correspondía al cumpleaños del Padre José Kentenich.