Diócesis de Temuco

¿Qué le pedirán a Dios nuestros candidatos en este momento tan importante?

Quiero compartir con ustedes lo que el Papa Emérito reflexionó en septiembre del 2011 en el Parlamento Federal (Berlín) y que les presento para ayudar en nuestra reflexión tan necesaria y vigente el día de hoy. En el Primer libro de los Reyes se nos narra como Dios concede al joven Rey Salomón, con ocasión de su entronización, hacer una petición. Hoy cuando se está votando por un nuevo gobernador en nuestra querida región de La Araucanía, ¿qué le pedirán a Dios nuestros candidatos en este momento tan importante? Como nos decía el Papa emérito Benedicto XVI ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? Salomón no pide nada de todo esto, en cambio suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal” (1 R 3,9). Con este relato la Sagrada Escritura nos indica en definitiva lo que es importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear las condiciones básicas para la paz. El éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. Insisto en este punto,  porque el éxito puede ser una seducción y abre la puerta para la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. Si se quita el derecho, entonces ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos? Como decía San Agustín (De civitate Dei, IV, 4, 1). “Todos nosotros somos testigos de cómo el poder se separó del derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho”. Por tanto, servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte el algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a si mismo. Puede, por así decirlo, hacer seres humanos y privar a otros de su humanidad como seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

La conciencia no es otra cosa que el “corazón dócil” de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Y donde rige el dominio exclusivo de la razón positiva, las fuentes clásicas de conocimiento del ethos, y del derecho quedan fuera de juego. Esto es dramático, la cultura positivista no es la única, esto nos lleva a la dictadura de corrientes extremistas y radicales. Es importante volver nuestra mirada a la naturaleza del ser humano, que no es simplemente una libertad que se crea por sí solo. El hombre no se crea a si mismo. Es Espíritu y voluntad, pero también naturaleza y su voluntad se vuelve justa cual él escucha y respeta la naturaleza, la acepta y admite que no se ha creado a si mismo. Así y solo así se realiza la verdadera libertad humana. Solo así, como Salomón, podemos servir al verdadero derecho de servir a la justicia y la paz.

Columna de Opinión

Monseñor HÉCTOR VARGAS BASTIDAS