Diócesis de Temuco

El invaluable rol de la juventud

A propósito de crecientes hechos de violencia juvenil, que pueden estigmatizar esta etapa de la vida, Papa Francisco, exhorta que la juventud“no es algo que se pueda analizar en abstracto. En realidad, “la juventud” no existe, existen los jóvenes con sus vidas concretas. En el mundo actual, lleno de progresos, muchas de esas vidas están expuestas al sufrimiento y a la manipulación.La vida no es fácil para muchos jóvenes”, expresó en el encuentro con la juventud, después de escuchar los testimonios de dos muchachos cuya vida fue marcada por la enfermedad, la explotación y el abandono. Agregando que “la desesperación los empuja a la delincuencia, al delito, a colaborar con la corrupción”, agregó, y pidió a todos los jóvenes que “les den una mano con la solidaridad, con amor, con esperanza”.No seamos una sociedad que no llora frente a estos dramas de sus jóvenes. Cuando sepamos llorar, seremos capaces de hacer algo de corazón por los demás. Queremos que la sociedad también sea más madre, para que en vez de matar aprenda a parir, para que sea promesa de vida.

Es verdad que a veces, frente a un mundo tan lleno de violencia y egoísmo, los jóvenes pueden correr el riesgo de encerrarse en pequeños grupos, y así privarse de los desafíos de la vida en sociedad, de un mundo amplio, desafiante y necesitado, olvidando que además de los entusiasmos propios de la juventud, también está la belleza de buscar «la justicia, la fe, el amor, la paz» (2 Tm 2,22).

Aunque de forma diferente respecto a las generaciones pasadas, el compromiso social es un rasgo específico de los jóvenes de hoy. Hay muchos dispuestos a comprometerse en iniciativas de voluntariado, ciudadanía activa y solidaridad social, que hay que acompañar y alentar para que emerjan los talentos, las competencias y la creatividad de los jóvenes y para incentivar que asuman responsabilidades. El compromiso social, político, la construcción del bien común y el contacto directo con los pobres siguen siendo una ocasión fundamental para descubrir o profundizar la fe y discernir la propia vocación.

Queremos alentar a nuestros jóvenes a este compromiso, porque sabemos que su corazón quiere construir un mundo mejor. En muchas partes del mundo han salido por las calles, para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna, porque quieren ser protagonistas del cambio, y por ellos entra el futuro en el mundo.  Pero sobre todo, llamados a ser  luchadores por el bien común, servidores de los pobres,  protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial, madurando en la vida.Esto no significa perder la espontaneidad, la frescura, el entusiasmo, la ternura. Porque hacerse adulto no implica abandonar los mejores valores de esta etapa de la vida. Una juventud bien vivida permanece como experiencia interior, y en la vida adulta es asumida, es profundizada y sigue dando frutos.  En cada momento de la vida, gracias a Dios, podremos renovar y acrecentar la juventud.

DIARIO AUSTRAL- DOMINGO 09 JUNIO 2019