Obispo de Temuco “El Bautismo imprime la misión del bien en la vida de los cristianos”

“…Conseguir que la vida de la persona sea cada vez más humana y ello se alcanza en la medida que se acerque al plan que Dios tiene preparado para cada hombre”, fueron parte de las palabras que monseñor Héctor Vargas Bastidas, dirigió a los fieles en el Templo Catedral, en la celebración del Día de la Solidaridad,  fecha en que recordamos a San Alberto Hurtado y su obra.

Señaló además que: “ El Padre Hurtado en su obra póstuma sobre “Moral social”, señala que la responsabilidad social implica que uno no puede contentarse con no hacer el mal, sino que está obligado a hacer el bien y a trabajar por un mundo mejor. Pues si bien es lo mínimo, no se acerca a la actitud de fe que un cristiano debería manifestar. Es decir, realizar el bien a toda la humanidad. Definir la responsabilidad social en estos términos, implica tener en cuenta cuatro elementos fundamentales: la dignidad, la comunidad, la fraternidad y la participación. Todo ello se fundamenta en la justicia y en la caridad. Se trata de conseguir que la vida de la persona sea cada vez más humana y ello se alcanza en la medida que se acerque al plan que Dios tiene preparado para cada hombre, es decir, una existencia iluminada y traspasada por el amor de Dios, manifestado en Cristo y concretizado en la vida de las personas, por medio de las acciones de los cristianos”.

“El cristiano es un constructor de la historia, por eso se entiende que las problemáticas sociales actuales se deben a la presencia activa o a la omisión que hacen los católicos en la vida pública. La presencia tan abultada del mal es producto de la ausencia de la acción benéfica de los cristianos en la sociedad; acciones que están llamados a realizar desde el momento en que abrazan la fe. El bautismo imprime la misión del bien en la vida de los cristianos, dado en ese sacramento se ha recibido el mayor don que un hombre puede acoger: ser hijo de Dios y con ello la misión de amar a la humanidad como Dios la ama. Esta es la responsabilidad intransferible que se asume desde la fe, de allí la urgencia que el P. Hurtado tiene en la formación y toma de conciencia de la responsabilidad social de todos los creyentes”.

Planteó que la dimensión comunitaria de esta responsabilidad social, San Alberto la hace consistir en que los más favorecidos, deben compartir sus bienes para que así puedan descubrir su verdadera dignidad de hijos de Dios. “Y, desde allí, busquen aquello que les permita desplegar el máximo de potencialidades que provienen de este don tan inmenso. Con esto, él no entendía excluir a los pobres de aquella responsabilidad que nace de su propia dignidad, de la propia realidad de ser hijo de Dios, y allí, en el pequeño lugar que ocupa, está llamado a ser el protector y ayudador de sus hermanos”.

“Ahora bien, tanto la dimensión de la dignidad de la persona, como la comunitaria, se concretan en 2 actitudes claves, a saber: la fraternidad y la participación social. Para el P. Hurtado, la fraternidad es un punto central de la actuación de los cristianos en la sociedad, porque ella nace de la convicción de llevar el amor de Dios a todos los seres humanos. La realización del amor fraternal es para él una convicción profunda, que lo lleva a pensar que sólo desde esta forma de ver la vida social, se puede encaminar a los creyentes a la verdadera construcción de la fraternidad querida por Dios para todos sus hijos, especialmente para los pobres. Todo ello nace del hecho que Dios ha fundado la humanidad como una gran familia, en la cual todos están emparentados mutuamente, por ser creados a imagen y semejanza del único Dios”.

Agregó también que: “Todo ello reforzado con la Encarnación de Jesucristo, que asumiendo nuestra humanidad, nos ha hecho hermanos entre nosotros e hijos del mismo Padre. De esta manera surge en la humanidad una nueva forma de relación, que va más allá de la simpatía, la raza, la posición social, la educación, la nación en la que se vive, es una relación que rompe todas las barreras que el individualismo levanta entre las distintas personas, pues todos los seres humanos son hijos de Dios y están llamados, por amor, a la comunión entre ellos. Esta vocación crea de forma natural la fraternidad entre los hombres por su filiación divina”.

“Una segunda actitud esencial en la vida social, para el P. Hurtado es la participación, indispensable para actuar de modo socialmente responsable. En efecto, él afirma:  “la actitud del católico en materia social debe ser la de luchar en primera fila por amor a Cristo y a los hombres, sus hermanos”. Lucha asociada a situaciones dramáticas que claman al cielo, como la realidad de tantos niños y ancianos abandonados en condiciones indignas, migrantes discriminados y vulnerados, familias mapuche rurales que viven en la miseria, los privados de libertad hacinados y en contextos que hacen muy difícil su rehabilitación, las víctimas de la violencia que urgen la búsqueda de la paz en la justicia, etc. Al margen de cualquier sistema o motivación política o ideológica, el P. Hurtado insiste en que mientras “exista un pobre que sufre injusticias, tengo una obligación con él. Tengo una deuda de la que no puedo declararme libre hasta que la haya pagado. Soy social, porque soy católico”.

Concluyó sus palabras, diciendo que: “El gran problema, afirma San Alberto, es la tibieza que se manifiesta en la vivencia de la fe de parte de muchos católicos. Por eso no duda en señalar “que mientras los cristianos no encarnen en sus corazones y en sus obras, la concepción de los hombres que tuvo el Maestro, el pueblo vivirá alejado de la Iglesia. El camino de solución que propone, es estar atento a las realidades sociales en las cuales se desarrolla la vida del creyente.  A esta condición se accederá por medio de una formación integral en todas sus dimensiones y actividades. Lo que se persigue es ser consciente de la responsabilidad que cada uno de los católicos tiene: ser verdadero testimonio de la presencia de Cristo en el mundo”.