Diócesis de Temuco

(Video) TE DEUM: MONSEÑOR HÉCTOR VARGAS “LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ”

Te Deum 

MONSEÑOR HÉCTOR VARGAS “LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ”

La ceremonia de Acción de Gracias por nuestra patria, el tradicional Te Deum, se realizó en forma extraordinaria el jueves 17 de septiembre, en el Templo Catedralicio de la Diócesis San José de Temuco, celebración que se llevó a cabo con todas las medidas de seguridad emanadas del Minsal por la pandemia y que congregó a un reducido número de participantes, entre ellas el Intendente de La Araucanía, Víctor Manoli Nazal, representantes del Gobierno Regional, Fuerzas Armadas y de Orden, Rector de la UCT, quienes asistieron al Te Deum que fue presidido por Monseñor Héctor Vargas Bastidas, obispo de la Diócesis San José de Temuco.

En comunión a través de las redes sociales, se emitió la transmisión vía on line de esta celebración, que realizó a las once de la mañana, con el ingreso de los emblemas patrios al Templo Catedral, que eran portados por representantes de las Fuerzas Armas y de Orden.

Luego, Monseñor Héctor Vargas, que presidió esta Acción de Gracias, en compañía del Pbro. Juan Andrés Basly, Vicario General y el Pbro. Ariel Valdez, Vicario Pastoral, da inicio a esta celebración, al son del Himno Nacional.

En la Liturgia de la Palabra, la Primera Lectura del Libro del Génesis, estuvo a cargo del Presidente Regional de Bomberos, Luis Carmach. Seguido por el Canto del Salmo. Posteriormente, tras el ingreso del Evangeliario, el diácono Juan Carlos Burgos, hizo lectura del Evangelio de San Juan.

El Obispo diocesano, Monseñor Héctor Vargas Bastidas, en su homilía señaló: “Una vez más, nos reunimos para dar gracias a Dios por esta hermosa tierra nuestra, enriquecida por un valioso patrimonio histórico, cultural y espiritual, que ha venido forjando nuestra identidad y todos los sentimientos que ello evoca dentro de cada uno de nosotros”, a lo cual el obispo plantea desafíos para nuestra Patria junto al compromisos de todos quienes la habitan.

Expresó que en el último año, nuestra sociedad ha sido remecida y golpeada por procesos y episodios de diverso carácter, sobre los cuales cada ciudadano puede formarse una propia convicción en conciencia. “Sabemos que buena parte se declara cansada de esperar políticas permanentes que ayuden a erradicar la desigualdad y la pobreza, reconocer en su dignidad a los más marginados y vulnerables, desterrar la violencia y la delincuencia y construir una cultura de justicia y de paz”.

Además, se refirió al virus y sus consecuencias en todo el mundo, “ Una pandemia inesperada, que nos ha remecido con su secuela de dolor, angustia y muerte, ha desnudado nuestra fragilidad humana, el hacinamiento por casas que no son tales, la vulnerabilidad de pobres y migrantes, el volumen y fragilidad del empleo informal y ocasional, que ha golpeado particularmente a las mujeres y jóvenes, y nuestra falta de formación y conciencia social y cívica, por actitudes y actos reprobables como ciudadanía, ante un escenario tan grave (…) Todo esto, nos ha permitido a su vez descubrir que nuevas ideologías, caracterizadas por un difuso individualismo, egocentrismo y consumismo materialista, han venido debilitando los lazos sociales, fomentando esa mentalidad de fría eficiencia y del “descarte”, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles y vulnerables, de cuantos ya no son considerados “útiles” o un estorbo, a veces ya desde el origen mismo de la vida”. 

Por otra parte, resaltó a quienes nos han conmovido en este tiempo, dado su compromiso por hacer efectiva la fe, la esperanza y el amor hecho caridad, “ Es el caso de nuestros hermanos y hermanas de la salud. Su incansable labor y sacrificio, postergando sus propias familias y descanso, arriesgando su vida, e incluso hasta darla como ha sucedido. Otro ejemplo, ha sido la enorme solidaridad que se ha despertado por tantas personas del ámbito público y privado, para de mil formas ir en auxilio de quienes más necesitan, por estar privados incluso de los bienes y derechos más esenciales”.

Señala que lo expresado, invita a darnos cuenta que el corazón de toda persona, alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otro, “ En los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer. Sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera”. Esta fraternidad, monseñor Héctor Vargas, destaca en su homilía del Te Deum, tres alcances a considerar.

FRATERNIDAD para superar la pobreza

Monseñor Vargas, plantea que como consecuencias de la violencia suscitada en el último año en nuestro país, sumado a esta pandemia que aún permanece en el mundo, ha provocado un retroceso de una década en “ la batalla contra la pobreza”.

Señala que las graves crisis financieras y económicas, “ Tienen su origen en el progresivo alejamiento de Dios y el prójimo,  traducido en una carencia cada vez más seria de afecto y de sólidas relaciones interpersonales y comunitarias, por un lado, y en la búsqueda insaciable de bienes materiales, por otro, han llevado a muchos a buscar en forma individual el bienestar, la felicidad y la seguridad en el consumo y la ganancia, sin  pensar mayormente en el bien común y los excluidos, y por tanto más allá de la lógica de una economía sana”.

Recalca que el hecho de que las crisis económicas se sucedan una detrás de otra “Debería llevarnos a las oportunas revisiones de los modelos de desarrollo económico y a un cambio en los estilos de vida”.

FRATERNIDAD, fundamento y camino para la paz

Al respecto, el Obispo diocesano señala que durante este último año, muchos compatriotas han venido sufriendo la experiencia denigrante de variadas formas de violencia, en los más diversos ámbitos de nuestra convivencia familiar, social y política, “ Incluso con características extremas y destructivas, y en donde a diario, debemos lamentar incluso la gravísima y condenable pérdida de vidas humanas, socavando profundamente la legalidad y la justicia, hiriendo a su vez el corazón de la dignidad de quienes las ejecutan. Han sido también dolorosas las ocasiones en que se ha constatado la vulneración de derechos humanos”.

“Todo este ambiente constituye también, una profunda herida infligida a la fraternidad, creando en nuestra convivencia divisiones profundas, y heridas lacerantes, que requerirán tiempo para cicatrizar (…) Gran parte de la sociedad, particularmente las víctimas, experimentan una sensación de abandono, desamparo y falta de Estado. Lamentablemente, tampoco nuestra Región ha escapado de esta tragedia y sus dolores”, argumentó en su homilía, señalando a continuación “Sin perjuicio de lo anterior, cabe afirmar que gran parte de la violencia tienen su causa en conflictos políticos, ideológicos, sociales y económicos, de larga data, que como sociedad en su conjunto, y la propia institucionalidad democrática que nos hemos dado, no ha sido capaz de evaluar en su mérito, ni de resolverlos desde una fraternidad en donde todos somos responsables de todos. Sin desconocer que la cuestionable forma de progreso y ganancia escogida por algunos, al margen de una necesaria transparencia, se transforma en un escándalo, y por ello en un obstáculo objetivo para el respeto de la dignidad y el desarrollo de los otros. Son otras formas de violencia”.

Sobre este punto, concluye en decir que “La fraternidad genera paz social, porque crea un equilibrio entre libertad y justicia, entre responsabilidad personal y solidaridad, entre el bien de los individuos y el bien común. Y una comunidad política debe favorecer todo esto con trasparencia y responsabilidad”.

FRATERNIDAD para la justicia y el reencuentro con el Pueblo Mapuche

Señaló, que “El desafío para la subsistencia indígena, es proteger sus territorios, sus recursos naturales y los derechos asociados a ellos, porque en la cosmovisión indígena los elementos culturales son parte sustantiva de la territorialidad, en una secuencia de territorio y medio ambiente, que se puede sintetizar en una idea amplia de hábitat. Otro gran déficit son los espacios de participación. Es otra falencia de nuestra democracia, ejemplificada en el mínimo involucramiento de los pueblos indígenas en temas que les atañen directamente, particularmente en el diseño y toma de decisiones en las políticas públicas que afectan significativamente sus respectivos territorios. Nuestros Gobiernos han recibido observaciones por el incumplimiento de los estándares requeridos internacionalmente, para una efectiva participación indígena que permita el ejercicio real de sus derechos”.

Plantea que “ Hablar de reconocimiento, implica consolidar las bases democráticas de nuestro país, subsanando un pecado de omisión, por un país que secularmente que ha venido eludiendo esta deuda de raíces históricas. También aquí ha faltado Estado. Es por ello que mediante el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural, Chile está llamado a una democracia más plena, generando un nuevo tipo de relaciones que amparen a cabalidad la identidad y los derechos de los pueblos indígenas (…) Así, el Estado podrá reconocer a cada ser humano que lo integra, el derecho a vivir dentro de su propia cultura, lo que no significa que los indígenas dejen de ser ciudadanos del Estado al que pertenecen, sólo que el Estado reconoce que nuestra sociedad no es homogénea, ni una unidad cerrada (…) En definitiva, lo que no puede dejar de hacerse, es dar a nuestros pueblos originarios una nueva y auténtica institucionalidad, bajo los conceptos de igualdad, reconocimiento y reparación”.

Al concluir sus palabras, se dio la Oración de Acción de Gracias, por nuestra Región, por la pandemia, por el plebiscito nacional, por los que sufren, por la solidaridad, por las Glorias del Ejercito, plegarias que eran aclamadas junto al coro Catedral que acompaño este Te Deum. Acto seguido por la presentación de signos de la realidad actual ante el Altar.

Fue así, que al finalizar el coro catedral entonó el Himno del Te Deum, himno de alabanza. El Obispo diocesano, Monseñor Héctor Vargas Bastidas, finalizó esta Acción de Gracias impartiendo su bendición sobre los presentes.

Cabe destacar, el pie de cueca a los pies de la Virgen del Carmen, que brindó el joven Esteban Muñoz, de la parroquia Jesús de la Misericordia de Labranza.

La transmisión fue posible gracias al personal técnico de la UCT.